El ‘Costa Concordia’ vuelve a flotar

Andreas Solaro. AFP

21 meses ha permanecido el crucero Costa Concordia encallado frente a la costa de la Isla de Giglio en el Mar Mediterráneo desde que se hundiera causando la muerte de 32 personas la madrugada del 13 de enero de 2012. A las 9 de la mañana, hora local en Italia, comenzaron una labores de rescate que le costarán más de 600 millones de euros a la compañía Costa Cruceros.

36 cables de acero con una fuerza de tiro de 60 toneladas y poco más de tres horas fue lo que se necesitó para separar el barco de la roca sobre la que había quedado tumbado tras el naufragio, en una operación conocida como parbuckling en la que se rotará el buque 65 grados para devolverlo a su posición vertical. Una vez a flote habrá que esperar hasta la primavera para que sea remolcado hasta la Península Itálica donde se procederá a su desguace.

La operación ha generado una gran expectación entre los más de 500 periodistas desplazados hasta el lugar del suceso y también entre los habitantes de la isla. Éstos, aunque ya se han acostumbrado a la vista de la mole de 44.600 toneladas de peso, 290 metros de longitud y cerca 70 metros de altura que yace apoyada de lado frente a una de sus playas, no ven la hora de que este símbolo de la tragedia desaparezca.

La mayor preocupación que acarrea la operación es el posible vertido de sustancias tóxicas al mar. Aunque el combustible fue totalmente extraído, en el interior del Concordia se almacenan aún toneladas de venenos como aguas residuales, insecticidas, aceites, esmaltes líquidos, una tonelada de hipocloruro de sodio, es decir mil litros de lejía, pero además decenas de bombonas con litros de oxígeno, nitrógeno o anhídrido carbónico y miles de litros de detergentes