El Profesor Corazón: Amor sin barreras

– Aló buen día, ¿podría hablar con el Profesor Corazón?

Por supuesto, con él habla, ¿en qué le puedo ayudar distinguida dama?

– Estimado profesor, yo se que usted ha ayudado a mucha gente del ámbito público de Antofagasta y por eso acudo a su consulta. Me han dicho que la confidencialidad es a toda prueba… ¿tiene tiempo? La historia es larga…

Así es mijita linda, de estas cuatro paredes no sale. Cuénteme no más, tengo todo el tiempo del mundo

– Muchas gracias profe. Pasa lo siguiente: hace un año estaba tranquilita en mi vida. Con una carrera profesional en ascenso, pero se me ocurrió meterme en el mundo político y ahí todo cambió… Un par de amigos me convencieron, le juro profe que yo no quería…

Pero cuál es el problema mijita, si la política es un mundo fascinante

– Espere pue profe, si estoy recién empezando. Los chiquillos me dijeron que si ingresaba a la política iba a aparecer en la tele y en los diarios todos los días y yo desde chiquitita que quise ser actriz de teleserie, como la Carolina Arregui en la Madrastra ¿me entiende profesor?

Por supuesto, muchos tienen el conocido “mal de la polilla”, siga con su relato…

– El asunto es que me fue bien pues profe. A los pocos días ya era portada en todos los medios y aparecía a cada rato en la tele. Me sentía una verdadera estrella de cine, todos me querían y se sacaban fotos conmigo, cosa que a algunos no les gustó para nada…

No me diga mijita que hubo envidia…

– Si profesor, la maldita envidia. Al final me terminaron sacando de ese cargo que tenía, pero ¿sabe qué? Fue para mejor profe, porque  después me fue increíble; luego todos querían ser mis “amiguis”, los mismos que me dieron las puñaladas por la espalda.

Oiga pero no se me desvíe del tema ¿por qué me llamó?

– Disculpe profesor, lo que me aproblema no tiene nada que ver con la política. Hace un tiempo tengo un amigo, yo lo quiero harto, se ha portado muy bien conmigo y me ha acompañado fielmente y sin ningún interés de por medio en mis labores de los últimos meses. Le ha puesto el pecho a las balas en varios conflictos e incluso ha hecho el sacrificio de poner la cara por mi en varias ocasiones.

¿Cómo así?

– No le había contado profe, pero tengo un cargo de representación ciudadana, con el cual he salido el doble en la tele, e incluso cumplí mi sueño de entregar premios en un festival, a lo Cecilia Bolocco (mi ídola).

Oiga mijita no tengo todo el día, ¿me va a decir para qué llamó?

– El asunto es que todos le tienen mala a este amigo y no sé por qué si es tan amoroso, siempre va de frente, es todo un estadista. Es mi mano derecha, mi mano izquierda, mis ojos, mis pies, mi esternón, ¡mi todo! Yo lo defiendo con uñas y dientes, pero hay gente que insiste en sacarlo de en medio, porque dicen que es “chanta” y que no tiene profesión. ¡Son muy mal hablados profe! No sé que hacer. ¿Qué me recomienda?

Pero mijita, si todos la critican por algo será. ¿No estará exagerando?

– No profe, para nada. Él se maneja en muchos ámbitos. Si incluso una vez necesitaba que alguien me pusiera mis lindas cortinas rojas que compré para mi despacho, y él mismo se encargó de instalarlas, además de hacer toda la instalación eléctrica y los arreglos del baño. Es todo un experto. Cuando lo mando a comprar pan, no reclama.

¿Y qué pide a cambio?

– ¡No sea mal pensado profe! Casi nada. Solo que lo deje hacer denuncias por Facebook y aparecer en los medios, con eso se da por pagado. El asunto es que si lo sacan no sé quien me va a acompañar a mis actividades, quien pondrá la cara por mis errores, o quién hará las instalaciones eléctricas, o los trabajos de gasfitería en mi casa. Estoy desesperada profesor.

Le aconsejo que se calme. ¿Y sabe qué? Le vamos a poner un tema…