¿Partidos políticos o agencias de empleo?

Hace unas semanas el candidato a Senador por la Región de Antofagasta, Alejandro Guillier , en el programa de televisión Tolerancia 0, consultado sobre las cosas que le llamaban la atención de la política activa, en la cual estaba ahora participando, era la constatación de las transacciones que se debían hacer para conseguir apoyos políticos. El ejemplo más claro, mencionaba el periodista, eran las diversas solicitudes de algún cargo público en el futuro Gobierno en caso de ganar la próxima elección.

Ya lo anterior suena feo, porque hay un reconocimiento explícito que las personas dan apoyos políticos a cambio de algún beneficio personal, pero lo ratificó más crudamente, al afirmar, y parafraseando a Max Weber, “un partido político tiene dos funciones, una levantar un proyecto y dos repartir prebendas entre sus partidarios, sino nadie entra en un partido político”. Duro, fuerte, pero lamentablemente real.

Weber hacía esa distinción en lo que él llamaba los políticos profesionales, entre los que “viven PARA la política” y los que “viven DE la política”, siendo los primeros satisfechos sólo con lograr el imponer un ideario político y los segundos aquellos que su sustento económico deriva de los puestos o trabajos que consiguen formando parte de algún partido político o conglomerado que distribuya cargos políticos.

Hoy en nuestro país vemos como lamentablemente son los segundos, aquellos que “viven de la política” los que están dominando el mundo político y es lo que desprestigia a la ya denostada “clase política”, envolviendo con ello a los pocos que aún sueñan con una política mejor.

El crecimiento económico del país , también está contribuyendo a empeorar la política, porque la economía absorbe a los mejores profesionales, a las mejores mentes, a las mejores personas, por tanto, están quedando en la “profesión de vivir de la política” aquellos que la economía desecha, y eso es lo que vemos en la política actual, que quienes participan en política, que los que logran puestos públicos “de confianza política” son lo que queda del “raspado de la olla”, es necesario escoger de entre los que no logran ubicarse en el sector privado.

Los partidos políticos finalmente son verdaderas agencias de empleo de los que no logran empleo en la economía real.

Muchos de quienes hoy postulan a cargos de representación popular lo hacen como una alternativa laboral mejor a lo que con su propia profesión pueden lograr en el mundo privado, es cosa de analizar las profesiones de muchos de los políticos que hoy ocupan cargos públicos y comparen el sueldo que obtienen en el trabajo en el sector público y cuanto lograrían de sueldo si trabajaran en lo suyo en el mundo privado. Y estamos pensando en aquellos que tienen profesión, cuantos ni siquiera eso.

El que los partidos son para repartir prebendas como dice Guillier, es claro también en el travestismo político de muchos candidatos. Como ya no interesan los principios, los valores o “el proyecto”, sino que partido (o agencia de empleo) me puede ofrecer, los candidatos se cambian de partido o se hacen independientes, de acuerdo al lugar donde se pueda conseguir algo mejor. Si en el partido que estoy hay muchos interesados en un cargo, me cambio a otro donde yo pueda ser el ungido, todo sea por un «puestito». Triste, pero real.

Que hay excepciones, por supuesto, pero lo más lamentable es comprobar que son eso, excepciones.