No soy feminista ni lesbiana: La Mujer Nortina

A raíz del cada vez más famoso blog de Bernardita Rufinelli, (por cultura popular y digital debería saber de quién hablo) muchas mujeres hemos encendido la alarma sobre aquellos “detalles” masculinos, y de la vida, que tanto comentamos con un pucho y cafés cortados o una Kir Royal.

Decir que nos juntamos para hablar solo de hombres es mentira. Igual conversamos de minas que salieron con un hombre o que se metieron con uno, o que te quitaron otro y así sucesivamente…

En el mundo de Rufinelli hay dos tipos de minas:

(1) La casada con complejo de persecución con un compadre de buena situación, con una 4×4, a veces peluda, otras veces no tanto, cuerpo de gimnasio y uñas de salón a la que se la cagan a veces y esta no sabe o sabe y se hace la tonta.

(2) La soltera aperrá que tiene hijos y sale adelante sola. Se come minos por diversión sean casados, solteros, viudos o separados (a veces también minas) y no anda con el vestido de novia en la cartera.

¿Qué pasa con las que no somos ni lo uno ni lo otro? En una despedida de soltera, tras un ebrio brindis, la novia dijo: “Salud por las mujeres que dejamos de ser maracas para convertimos en señoras”. Eso me hizo entender que, efectivamente, todas hemos sido «facilitas» en alguna época de la vida y lo importante es saber salir de eso para convertirnos en la flamante esposa, mujer de familia y excepcional madre.

Le voy a contar donde está la otra clase de mujer, y de la que trata esta columna: la nortina.

Las mujeres del norte somos: morenitas, estatura media (promedio chica), piernitas gordas, caderas anchas y pechos puntiagudos. También están las que se visten bien, se alisan el pelo, se depilan una vez a la semana y dejan la «brasileña» sólo en ocasiones especiales.

Muchas gozan de tener un marido que trabaja en minería y manejan una 4×4. Si te tocó un marido tacaño, manejas un city car o sedán.

Van a las peluquerías del sector de la Avenida Brasil, compran mercadería en el Jumbo y tienen a los hijos en colegios particulares. Si usted cumple estas características, pero no es morenita de piernas gordas, entonces llegó a Antofagasta y no es nortina, no nos engañe.

Cada día vemos más minas de pelos castaños largos, flaquitas, piernas que terminan con el GAP, culo parado y tetas redondas. ¿De dónde salen? ¿Vienen de Santiago o más del sur? Son parte de la farándula en revistas de papel couché, pero «no way» que nacieron por estos lados.

Volviendo al sabio brindis: ¿Qué pasó con las que no pudieron dejar de ser maraquiwis? Son las amantes de estos mineros que trabajan por turno, y para más remate se llevan la mejor parte: No los tienen «punteándote» todas las noches de su descanso mientras duermes, no les sentí el olor a la mezcla de copete y mayo con ajo después de un asado. Se ahorran el drama de tener que atenderlos como reyes para que no reclamen o se sientan. Pero lo mejor, se llevan la previa rica antes de tirar en vez de agarrarte una pechuga, un beso langueteao y pa dentro.

Quizás no tienen la casa o el 4×4, pero tienen el sexo; y un buen polvo no tiene precio. Por eso después algunas buscan el contraturno el que será tema para otra columna.