Un “falso documental” sobre el Golpe de Estado revoluciona España

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El autor no es otro que el periodista Jordi Évole, más conocido por su alter ego “El Follonero” y por su programa Salvados, un infoshow que cada domingo entrevista a los protagonistas de actualidad con sarcasmo e ironía tratando temas como la corrupción, la crisis, la política, las injusticias sociales y demás que acaecen en España.

[Puede visionar el programa completo en la página web de Atresplayer]

En esta ocasión el tema escogido fue el 23-F, que en España recuerda el intento de Golpe de Estado de 1981, perpetrado por el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, en el Congreso de los Diputados durante una sesión de pleno. El secretismo en torno a este suceso, la “supuesta” participación de personajes importantes en la transición española de la dictadura a la democracia y que no se pueda acceder a los informes hasta pasados 50 años, hacen que cada español tenga una teoría de lo que sucedió aquel día, de los objetivos que se perseguía con el golpe y de los agentes que participaban en él, bien a cara descubierta o moviendo los hilos por detrás.

Y eso fue lo que Évole y su equipo planificaron durante 3 años. Montarse su propia Guerra de los Mundos con el 23-F y realizar un experimento con los espectadores. Algunos se lo creyeron a pies juntillas. Otros no dudaron ni un instante de la falsedad de las imágenes, por mucho que vinieran avaladas por grandes profesionales de la política, el periodismo o el cine. La fábula sobre el 23-F montada por Jordi Évole en Operación Palace (La Sexta) el domingo ha provocado reacciones encontradas: desde la desazón y angustia de espectadores convencidos de que lo que le estaban contando era real, hasta el enfado y la indignación por frivolizar el golpe de Estado del 23-F. Muchos confiaban en el historial de los programas-denuncia de Évole. Aquellos sobre el accidente del metro de Valencia, las preferentes, el desplome de la sanidad pública… ¡Por fin, una investigación seria sobre la trastienda de 23-F! No fue lo que se encontraron.

Twitter se convirtió en el foro de reunión de los anodadados espectadores que veían como les habían mentido durante más 30 años y los que se reían a doble carrillo de la última ocurrencia de Évole. Lo más sorprendente de los primeros no fue que se lo creyeran, sino que no se sorprendían de que lo hubieran hecho. Y ahí es donde reside el problema de España, en que nos pueden contar la historia más inverosímil, que nosotros nos la creeremos. No es para estar orgullosos.

Al finalizar el programa y revelarse la verdad del engaño, las opiniones se dividieron claramente en dos: los que aplaudieron a Évole por hacernos reflexionar sobre la manipulación a la que nos someten los medios y a la desidia de España por tapar acontecimientos importantes como este, ante el beneplácito de toda la clase política actual y anterior; y los que echaron las manos al cielo por, según ellos, frivolizar sobre un tema tan serio como el intento fallido de acabar con la democracia. Lo que está claro es que el programa no dejó a nadie indiferente, llegando a alcanzar cifras de tweets y datos de audiencia estratoféricos.

Évole explica que este polémico falso documental no era más que un juego con los espectadores para que averiguaran “dónde estaba el gato encerrado” y, a la vez, un experimento para demostrar que España no es el paraíso de la transparencia y que “33 años después no se pueden consultar los archivos del 23-F. Eso da pie a que se pueda fabular”. Para quienes opinan que aquella es una fecha sagrada, replica: “Yo tenía seis años y si hubiera detectado que algunos de los que estaban en el Hemiciclo aquel día y que participaron en el programa hubieran dicho que no se podía frivolizar no habríamos seguido”.

Évole no ha pedido perdón, pero sí ha salido a explicarse: “Algunos espectadores estarán contentos y otros se sentirán engañados y me querrán matar. Nosotros hemos reconocido que era mentira. Otras veces les habrán contado otras mentiras y nadie se lo ha dicho”. Y es con esta reflexión con la que nos quedamos, además de no poder hacer otra cosa que aplaudir a Jordi Évole y a su equipo por el gran documental que nos brindaron el domingo.

 

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