El conflicto de la eutanasia: Disney tiene la culpa

 

No quiero matar su niñez pero es necesario hacerlo para entender esta columna: los perros no se dan un beso luego de comer fideos, los patos no son millonarios y los tres chanchitos están imposibilitados de construir una vivienda (desconozco eso sí la facultad de los lobos para soplar tan fuerte como para destruir una bella, pero endeble, morada).

Dicho esto, responsabilizo directamente a Walt Disney que en Chile estemos tan retrasados en materia de tenencia responsable de mascotas y tengamos nula capacidad de responder frente al problema que presentan hoy los perros callejeros.

Disney «humanizó» a las mascotas mostrándonos -falsamente- que se enamoraban, eran «padres» de familia que llegaban a casa luego del trabajo y que un ratón podía hablar y ser su símbolo (claro está que un ratón a veces no clasifica para tanto cariño como un perro por parte de los «animalistas»).

Los invito a repasar las cifras. Según datos entregados por el municipio, en la ciudad de Antofagasta existen más de 10 mil perros callejeros y tenemos un canil cuya capacidad máxima es de 150 canes, lugar donde, con suerte, son adoptados no más de 10 perros al mes (lo que me parece desproporcionado versus la cifra de «animalistas» 2.0).

Teniendo en cuenta esto existen tres problemas que enfrentar los cuales se resumen en plazos: largo, mediano y corto.

Para el largo plazo la casa consistorial está apostando a campañas para crear conciencia sobre la tenencia responsable. Para el mediano se iniciará plan de esterilización que permitirá evitar el nacimiento anual de 38 mil perros potencialmente callejeros. Y, para el corto plazo no existe ninguna solución.

En el Congreso aun duerme la ley de tenencia responsable de mascotas que ha sufrido una serie de modificaciones pues, recordemos, incluso contemplaba como razas peligrosas algunas de las cuales no habían más de cinco especies en el país.

Pero ¿cuál es el tema de fondo del porqué no se ha implementado esta ley que, entre otras cosas, contemplaría la posibilidad que los municipios apliquen la eutanasia a los perros callejeros?

La respuesta es una sola: Es políticamente incorrecto hablar de eutanasia pues al día siguiente quienes aprueben esta solución serían dardos de los más feroces ataques de los grupos animalistas.

Para suavizar el rechazo de este pequeño grupo (no confundir con quienes aman a los animales sino me refiero a los animalistas) se ha planteado solo aplicar eutanasia a los perros enfermos o de avanzada edad; sin embargo, esto no soluciona en nada el problema que plantean hoy estos animales callejeros. Pues no son los perros enfermos ni viejos los que provocan los ataques sino más bien son los jóvenes y sanos.

Aquí se está intentando legislar para quedar bien con los grupos animalistas en desmedro de un bien mayor que es la población lo que generará una ley estéril (si es que alguna vez se llega a legislar al respecto).

En Twitter y Facebook abundan los «animalistas». Miles diría yo, quienes a priori se oponen tajantemente a la eutanasia sin proponer absolutamente ninguna solución al tema que hoy es urgente abordar: el peligro que representan los perros callejeros que ya se encuentran en las poblaciones y centro se la ciudad.

No propongo que sea la eutanasia la única salida al problema urgente que presentan estos animales pero creo que no se puede cerrar la puerta a esa solución.

Si Usted es de esos «animalistas» o amante de las mascotas que efectivamente (y en un acto consecuente a su postura) adoptó a un perro del canil o a una mascota de la calle le pido no sentirse identificado con esta columna pues, muy por el contrario, merece todo mi respeto.

Para que no piensen que estas palabras nacen de alguien que no ha tenido mascotas, lamento desilusionarlo pues si tuve, y varias. El último de ellos fue Kurt, mi adorado compañero quien, pese a ser un Rottweiler de 60 kilos; sus ojos tiernos lo hacían parecer el más lindo de los poodles. Pero fue él quien me enseñó que finalmente era un animal incapaz de toda templanza. Pese a un comportamiento ejemplar durante gran parte de su vida (QEPD) terminó por matar a un pequeño Yorkshire que entró a la casa. De algo estoy seguro: mi Kurt no clasificó para la película «Todos los perritos se van al cielo», pues creo que, cuanto más, estará en este momento en el purgatorio.