La “Familia” de bata blanca: De Sicilia a Antofagasta

 

Cuando Mario Puzo escribió “El Padrino” le preguntaron de qué se trataba la novela. La respuesta fue simple: “Es la historia de una familia más”. Brillante forma de resumir su creación que después fuera llevada al cine y se convirtiera en una de las mejores trilogías del siglo veinte.

En resumen, “El Padrino” trata sobre el valor de la familia, consanguínea o putativa, y las serias consecuencias que trae el traicionar aquella lealtad.

Por eso, mi columna trata sobre una “familia” que encontró un nicho perfecto fuera de Sicilia, cambiando esos verdes parajes por el árido desierto de Antofagasta. No ocupan armas, pero la indiferencia y frialdad con la cual tratan a sus “víctimas” puede costar bastante caro. No saben de lealtades salvo con el gremio, y quienes han intentado desafiar el Status Quo son aislados sin ninguna protección. En definitiva, una “familia” que cambió los ternos italianos por las batas blancas.

“Señor, el médico atiende por hora de llegada a partir de las cuatro de la tarde” es la frase de bienvenida a quienes hemos ido al médico en esta región. Cual consigliere, la secretaria advierte lo que será el inicio de un calvario, independiente del sistema de salud o si la consulta es particular.

Si el médico llegó a la hora pactada a atender su consulta privada, créame, es un afortunado. Ante eso solo queda agradecer al santísimo, buda, el gran Supersaiyajin o en quien usted crea. De ahí, las revistas VEA o COSAS narrando el triunfo de Boloco como Miss Universo será su mejor aliado ante la larga espera mientras se pregunta, una y otra vez: ¿Por qué este tipo me citó a una hora si me atenderá tres horas más tarde?

Ante tal duda existencial le digo, ingenuo. La respuesta es una sola, porque en esta región los médicos en sus consultas privadas hacen lo que quieren, cobran lo que quieren y con un resultado incierto respecto a su diagnóstico que terminan por hacer carne el dicho: “El mejor médico en la región se llama LAN”.

Pero, ¿qué permitió que eso ocurriera? Primero: Un sistema donde el mercado se auto regula. Segundo, la alta demanda y una oferta que el gremio ha luchado para que permanezca limitada y, tercero, un Colegio Médico complaciente respecto a estas prácticas de sus asociados pero que despierta con una ferocidad inigualable cuando algún colega los desafía o, peor, viene desde el extranjero a ejercer a Antofagasta. En este último caso, la arremetida es voraz.

El Colegio Médico no solo pasa por alto esta pésima práctica institucionalizada de muchos médicos que faltan el respeto a sus pacientes sino que además controlan el sistema de salud pública donde nadie puede entrar sin su venia, incluso en aquellas comunas alejadas donde no existe interés de ninguno de sus asociados por ser parte.

¿Hay buenos médicos? Sí. Hay quienes son críticos respecto al rol que están jugando sus colegas en esta región; aquellos que están volviendo a la antigua forma de hacer medicina donde había una relación con sus pacientes. Hay quienes están luchando contra una práctica que se ha enquistado en esta región donde el mercado bordea los límites de la moral. Hay quienes ven como ejemplo al Dr. Antonio Rendic pese a ser sometido a las burlas o menoscabos de sus pares por esta forma de pensar. Pero esos luchan contra la corriente y fuera de la cobertura de la “familia”.

Para los médicos extranjeros el panorama es peor. Es ahí donde el Colegio Médico ocupa su mejor arma, el “Examen Único Nacional de Conocimiento de Medicina” (Eunacom) cuyas respuestas fueron filtradas el 2012 –cosa que deberíamos patentar pues solo pasa en Chile- y el 2013 aprobó solo el 8,25% de los médicos, nacionales o extranjeros, titulados en el exterior.

La primera duda de este argumento esgrimido por el Colegio Médico para mandar de vuelta a los profesionales extranjeros que habían llegado a Tocopilla es: ¿Son tan buenas las universidades en Chile como para exigir y someter a duda la calidad de la enseñanza en otros países? La respuesta es NO.

Según el listado elaborado por The Times Higher Education World University Ranking que midió el periodo 2013-2014 en el área clínica, preclínica y salud, ninguna de nuestras universidades figuran dentro de él. Quienes sí sacan la cara por este continente son la Universidad de Sao Paolo (BRA), la Universidad de Los Andes (COL) y la Universidad de Campinas (BRA) situándose, la mejor de estas tres, en el puesto 226 del ranking.

¿Cómo se explica esto? Quizás porque en las universidades extranjeras potencian otras habilidades en sus futuros profesionales y no se centran en la rendición de un examen que cuestione su calidad tal cual pasa con los adolescentes que rinden la polémica PSU.

Es momento de un cambio profundo en las aulas universitarias que formarán las siguientes generaciones de médicos. Cambio que podría venir de la mano de la educación gratuita donde el Estado podría “disponer” de un sinnúmero de profesionales en áreas delicadas para la sociedad obligándolos a retribuir el costo cero de su carrera a cambio de trabajos en zonas aisladas del país donde sean requeridos con un sueldo digno y por un tiempo no inferior a los años financiados por el gobierno.

Quizás pienso en voz alta, quizás tengo la esperanza que todo cambie. De lo que no tengo duda, es que estoy con aquellos médicos que sí ven en su profesión una vocación de servicio, en aquellos que entienden la importancia del rol que cumplen y que el costo de estar fuera de las prácticas de la “familia” será recompensado por sus pacientes, que no son tontos, y que notan cuando existe una real preocupación por sus problemas y no son meros números, bonos o clientes del sistema.

Fuente Ranking Universidades: http://www.timeshighereducation.co.uk/world-university-rankings/2013-14/subject-ranking/subject/clinical-pre-clinical-health