Más recursos para Antofagasta ¿Y?…

La Región de Antofagasta vive de su potencial, de su «podría ser», pero al final siempre queda esa sensación de que eso o no pasa, o sucede más lento de lo que uno quisiera. Pasan los años y no se ve con claridad ese desarrollo eternamente esperado.

Desde pequeños crecemos con frases como «somos la Región minera del mundo» o «la capital mundial de la minería», «el sueldo de Chile», «sí Chuqui estornuda Chile se resfría, etc, etc. Slogans que a la larga van generando expectativas respecto de la calidad de vida que debiesen tener nuestras comunas. Expectativas que terminan diluyéndose entre otra frases como «más recursos para Antofagasta», «que lo que se produce en la región quede en la región», «descentralización ahora», etc, etc. etc;  pero  en definitiva no pasan de frases hechas.

Efectivamente, el aporte de nuestra Región al PIB nacional es de algo más del 10,5%, lo cual no es menor considerando que en esta región habita el 3,3% de la población nacional, lo cual contrasta, por ejemplo, con el 40% que aporta al PIB la región Metropolitana, pero donde se concentra el 42% del total de la población.

El documento «El aporte del sector minero al desarrollo humano en Chile: el caso de la región de Antofagasta» elaborado por la Cepal en 2008, señala que » La Región presenta la segunda tasa de pobreza más baja, la menor desigualdad en la distribución del ingreso, la menor brecha de años de escolaridad entre el quintil más rico y el más pobre, el mayor acceso a internet, la tasa de mortalidad infantil más baja, y es la segunda región con el mayor promedio de años de escolaridad».

En el Compendio de la Minería Chilena de 2006 se señala que los años 2003 y 2004, las grandes empresas mineras destinaron US$70 millones y US$24 millones, respectivamente, «para el desarrollo de proyectos o inversiones para mejorar la calidad de vida, educación, productividad, salud y condiciones de empleo de las personas vinculadas directa o indirectamente a la minería».

Sin embargo, datos más datos menos, diagnósticos por doquier, análisis sociológicos, históricos, económicos y políticos, todos ellos muy buenos y profundos (otros no tanto); cada uno buscando la mejor descripción para explicar nuestra compleja realidad, la pregunta que me queda es un  simple y breve: ¿Y? (alargado)

La Región de Antofagasta se ubica sobre una anomalía planetaria de minerales que la convierten en el productor de cobre y otros metales más importante del mundo (mundial)…Y?

La Región de Antofagasta aporta el 10,5% al PIB del país y recibe algo más del 4% de vuelta…y?

La Región de Antofagasta es la que presenta los costos de vida más altos del país…y?

¿Y qué vamos hacer?  ¿Qué es lo que queremos? ¿Para qué y cómo?

Respuestas, que a mi juicio, debiesen surgir de una actor que hasta ahora (considero) ha estado ausente, o a lo menos, con una débil presencia: la calle, el ciudadano, la gente.

Creo, que mientras la ciudadanía en general no sienta «hambre», o no se vea realmente amenazada por el famoso «centralismo asfixiante» (otra frase de esas), no se moverá de su cómoda tribuna de espectador, para salir a la calle y atreverse a ser parte de un movimiento social que empuje el carro de esa anhelada, lejana y mítica Antofagasta (única, grande, nuestra).