Poder Psiquiátrico: ¿Quién mandaba en Antofagasta?

Se han cumplido más de 40 años desde que Michelle Foucalt,  disertó en el College de France sobre el Poder Psiquiátrico, recordando la historia de Jorge III de Inglaterra (Clase del 14 de noviembre de 1973); más de 400 años, desde que William Shakespeare  nos describe las tragedias de los Reyes Ricardo III  y King Lear, y más de 2.500 años desde que el Libro del Profeta Daniel, relata la locura de Nabucodonosor.

En todas estas historias y tragedias el LIDER, cae presa de la locura, se ordena su destitución definitiva o temporal, y en lugar del poder real que ostentaba, surgen los “colchones” que encierran y lo reducen en el sitio en que se encuentra (Jorge III);  el  despojo y una soberanía errante a través del mundo en medio de la soledad, la miseria y la locura (King Lear), o bien el más poderoso de su tiempo ve en sueños misteriosos, como su “corazón de hombre” le es cambiado por un “corazón de bestia” (Nabucodonosor).

Creían que el poder era ilimitado, y así hemos tenido tiranos en la historia humana, y también sentados en cargos de poder e influencia de nuestra región.  Estos “reyes” no necesariamente cumplen su potestad en el escrutinio público, sino que en las “sombras del poder”,  otorgan decretos de expansión portuarios; firman resoluciones declaratorias de impacto ambiental, en vez de los procedentes Estudios de Impacto, y se dedican con espíritu odioso a descalificar a todo aquél que pudiera ser una amenaza para su fantasía psiquiátrica de poder, ya que le han “ganado a la vida”.

Pero… cuando el Profeta recibe la interpretación del sueño de Nabucodonosor, agradece a Dios, quién “Muda los tiempos y las edades; Quita reyes y pone reyes…” (Daniel 2:21),  lo que inspira la posterior frase que se utilizaba para la coronación de nuevos papas, en donde en un cierto momento un monje interrumpía el acto con unas ramas de lino ardiendo y cuando se han consumido dice “Sancte Pater, sic transit gloria mundi” (Santo Padre, así pasa la gloria del mundo).

Probablemente, ante la ausencia del LIDER extravagante, surge un poder anónimo o disciplinario, que se funda en el Estado de Derecho, y que no se le ocurriría denunciar que “las mujeres colombianas vinieron a quitarle el marido a las chilenas…”.  Aparecen los agentes del poder disciplinario, los cuales son levantados por la propia comunidad, a través de elecciones libres, pidiendo que la sumatoria de estos líderes simbólicos, charlatanes  y auto referentes, tengan que auto-exiliarse para no regresar hasta que la memoria del pueblo se diluya y se repita el ciclo.

Por cierto, está la opción de regresar a la cordura, como lo hizo Nabucodonosor, pero eso ocurre con un milagro, pues la razón es devuelta “mirando al cielo” (Daniel 4:34), y en ningún caso “mirando abajo con desprecio” a quienes los obsequiosos, como “el extravagante”,  consideran inferiores y poco poderosos. Algunos mantenemos una buena memoria y nos esforzaremos en cuidar que exista un pensum crítico, donde la fanfarronería y la ignorancia, den paso al saber ilustrado y la actuación Bona Fide.