Analizan acciones resilientes de Antofagasta ante catástrofes naturales

Antofagasta ha desarrollado acciones resilientes como las vías aluviales, la recuperación medioambiental del borde costero y la instalación de un sistema de alerta temprana ante riesgo de tsunami que incluye bocinas a lo largo de la costa urbana. Sin embargo, hoy es de vital importancia que forme parte de una red mayor de ciudades que trabajan en este sentido en otras partes del mundo. Se trata de planes de resiliencia urbana liderados por los alcaldes, los que incluyen una serie de categorías, una de ellas relacionada directamente con los riesgos catastróficos que han sucedido en varias de estas urbes.

La ciudadanía y las autoridades han tomado conciencia en el sentido que deben estar preparados para asumir estas catástrofes, ya sea aluviones, terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas, entre otros.

El tema fue analizado por el secretario académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte (UCN), Gino Pérez Lancellotti, a raíz de la fuerte lluvia que afectó recientemente al norte de Chile.

Resilientes

Explicó que existe una Red Internacional de Ciudades Resilientes, que son buenos ejemplos. Sus alcaldes han sumado esfuerzos y cada uno cuenta su experiencia de cómo están enfrentando y cómo se preparan para estas situaciones, “que cada vez serán más recurrentes debido al cambio climático”.

El especialista piensa que Antofagasta debiera tender a un modelo similar, lo mismo que Chañaral, Taltal y todas aquellas comunas que tienen alto riesgo aluvial. “No están preparadas para la lluvia y la Cordillera de la Costa no absorbe, por lo que todo va a dar al plano de las ciudades”, precisó.

Comparado con los hechos ocurridos en 1991, señala que ahora la capital regional estuvo mejor preparada, porque varias quebradas que fueron catastróficas en esa ocasión lograron contener la lluvia de la semana pasada, pese a que muchas de ellas están convertidas en botaderos de basura. La Municipalidad siempre está limpiando estos sectores -dijo- y realiza campañas incentivando a los vecinos a mantenerlos despejados.

Según antecedentes recogidos por el académico, las vías aluviales funcionaron bien en esta oportunidad, pero hay quebradas que no tienen las piscinas decantadoras. Al respecto, informó que el Ministerio de Obras Públicas tiene considerado en su cartera de proyectos avanzar en este tema, construyendo piscinas de contención en las áreas faltantes.

 

Colectores

Otro problema que menciona el arquitecto de la UCN, es que el agua lluvia queda depositada en el borde costero, porque las calles no están preparadas para absorberla. Es así que varios tramos quedaron cortados, incluyendo las ciclovías. “Las arterias de la capital regional no tienen colectores de agua lluvia, los que no fueron instalados pensando que en el norte antes no llovía, pero ahora las calles deben tener la capacidad para absorber, y así evitar las dificultades que se vieron cuando se hicieron pozas en el centro, en la Plaza Colón, frente al mall, al Jumbo y en otros sectores. La bajada de Salvador Allende funcionó perfectamente y las obras ejecutadas allí cumplieron su función, canalizando las aguas hacia el mar”, señaló.

Un buen ejemplo de desarrollo, a juicio de Gino Pérez, es la Plaza de Los Eventos, donde el agua tiene una vía de salida hacia el mar y no se acumuló el barro. Un proyecto similar piensa que se podría ejecutar en el resto del borde costero que quedó en malas condiciones, lográndose conectar adecuadamente estos sectores de uso público.

 

Plan Regulador

En cuanto a planificación, dijo que hay un plan regulador del año 2001, que recoge en parte lo del aluvión de 1991. Además, en esa época existían estudios respecto a las vías aluviales que dieron paso a la confección de un mapa de riesgos elaborado a mano por un grupo de profesionales, pero que con el tiempo se ha ido olvidando.

Explicó que esta es una herramienta que acompaña al plano regulador e incluye todas las zonas complicadas. Pero no hay una normativa que exija que sea consultada para mitigar los efectos de situaciones catastróficas naturales. Sin embargo, todas las instituciones públicas deberían manejarla, aseguró el arquitecto.

Considera que falta difusión al respecto, y aunque no tiene legalidad por sí sola, al aprobarse el plan regulador debe ir acompañado del mapa de riesgos.

También es posible separar ambos instrumentos y dar mayor realce a este último, en especial por la condición que presentan las ciudades del norte, siendo necesario actualizarlo.

Recordó que la Escuela de Arquitectura de la UCN, a raíz del terremoto de 2007 en Tocopilla, confeccionó planos de riesgos y proyectos de equipamiento para la emergencia destinados a Calama, María Elena, Tocopilla, San Pedro de Atacama y otras localidades. El objetivo es llevar casas, equipamiento de todo tipo en camiones para armarlos en el lugar, incluyendo baños, agua y otros servicios.

Otra iniciativa fue desarrollada en 2010, debido al terremoto del 27F en el sur del país, ocasión en que diseñaron equipamiento en la localidad de Parral.

En estos momentos, a través de un proyecto del Fondo de Innovación Académica (FIAC), esa unidad académica desarrolla una iniciativa destinada a generar un Laboratorio de Simulación Urbana con uso de Tecnologías de la Información (TIC), que tiene como principal función hacer modelaciones de las ciudades con la ayuda de un software de última generación. De esta forma, una de las posibles aplicaciones sería identificar los cauces que toma el agua de lluvia y detectar los distintos riesgos posibles en zonas urbanas y rurales. La iniciativa está articulada con el Plan de Mejoramiento Institucional (PMI) en Recursos Hídricos de la UCN.

 

Desafíos

Según el último informe de la OCDE, Antofagasta enfrenta hoy una serie de desafíos urbanos y medioambientales que se constituyen en obstáculos para un mejor desarrollo. Algunos de éstos, agregó, son la vulnerabilidad ante los riesgos naturales, los desechos domiciliarios y la contaminación medioambiental. Por lo tanto, destacó que se requiere mayor capacidad de parte de las autoridades locales en conjunto con la comunidad, para afrontar las amenazas de desastres naturales y mitigar los riesgos, sobre todo en temas de sostenibilidad ambiental.

“El cambio climático se viene y tenemos que prepararnos. La acción resiliente nos hace ver cómo podemos volver a nuestro estado normal como ciudadanos y habitantes de una ciudad, aprendiendo de las experiencias y eventos sucedidos anteriormente. Asimismo, ser capaces de planificar la ciudad y prepararnos, y en esto hay buenos ejemplos de lugares afectados por distintas catástrofes”.