Profesor Corazón: El Galán Pampino y su amor televisivo

– Aló, buen día ¿podría hablar con el profesor corazón?

Muy buen día, con él habla ¿en qué puedo ayudarlo?

– Profesor, lo estaba buscando desde hace tiempo pero nadie contestaba.

Me pedí un año sabático para poder sanar mi espíritu luego de tantos llamados. Pero he vuelto. Disculpe ¿con quien hablo?

– Pero cómo, ¿no se acuerda de mí?

Ahhhhhh… me acuerdo. ¿Sigue con su obsesión compulsiva por aquella prenda de vestir que demoramos meses en lograr controlar?

– Ha decir verdad, luego de la campaña y su tratamiento no los uso tanto. Creo que lo superé profesor. Pero no se distraiga, necesito nuevamente de su ayuda. Tengo algo que contarle y requiero de vuestras sabias palabras.

Lo escucho, parece grave

– Hace dos meses que estoy saliendo con alguien. Pero, cual teleserie, es en secreto.

Pero ¡¿Cómo?!, otra vez lo mismo. Ya se lo dije una vez, esta bien que usted se crea Galán Pampino pero todo en esta vida tiene límites.

– ¡Profesor!, le pido que no me juzgue.

Disculpe, fue inevitable. ¿Cómo comenzó esta relación?

– Yo siempre la veía a través de la televisión, me gustaba todo de ella y soñaba con que algún día podría conquistarla. Usted sabe, los pampinos tenemos ese “no se qué”.

Le creo, continúe.

– El tema es el siguiente. Hace un mes y medio que estamos juntos. Incluso me va a visitar al trabajo y solo un par de veces hemos salido a lugares un poco más públicos pero es complicado. Ella es un rostro de la tevé local y yo, bueno, usted sabe. Nos mandamos mensajes y todo, pero cuando estamos frente a más gente, cada uno en su rol, debemos mantener la distancia, y eso duele. Si, al fin y al cabo, tengo corazón pueh.

Pero ¿cómo lo hace cuando ella lo entrevista?

– Intentamos que nada pase, pero cuesta profesor y eso nos tienen mal. Para que le digo, el otro día en la oficina encontré debajo de la pata de una mesa un disco muy bueno, se llama “Cuando el Corazón Canta” de un tal W.Mora. Lo debe conocer, le dicen “el gorrión” de Tocopilla. Bueno, bastó que escuchara el CD para que las lágrimas corrieran por mi mejilla. Las letras de ese talento de la música local me llegaron al alma.

Me tiene que estár hue…

¡¿Qué cosa dijo profesor?!

Nada, nada. Solo pensaba en voz alta. Lo mejor que puedo hacer por usted es dedicarle un tema de otro gran cantante, escuche y adiós.

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