El Nuevo Antofagastense

El 8 de mayo de 2003, el fallecido Gustavo Cerati se presentó en Antofagasta en el Estadio Sokol, en el marco de su gira “Siempre es Hoy”. En su saludo al público se refirió a los residentes de la “Perla del Norte” como “Antofagastenses”. Utilizaré esta denominación para referirme a la nueva generación de habitantes que han llegado en los últimos años a la ciudad, atraídos por el auge de la minería y los altos sueldos que esta actividad entrega.

El nuevo antofagastense trabaja en la minería; llega desde el sur o del extranjero (Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, incluso España) a instalarse “transitoriamente” porque generalmente no le gusta la ciudad. Este nuevo habitante, aparece en una revista de circulación nacional, con ropa de marca y con la cancha de golf del Autoclub, para señalar que la gente en Antofagasta “no sabe dónde gastarse el dinero”.

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El nuevo antofagastense va de compras al Mall, sobre todo en los primeros días de mes, copa los estacionamientos, se queja del mal estado de las escaleras mecánicas a través de redes sociales. El antofagastino compró en el “Gato Negro” o en «La Manzana» (también en los desaparecidos Koralet o Las Brisas de Baquedano).

El nuevo antofagastense, va a comerse una tabla de 20 lucas en algún pub de la costanera, mientras que el antofagastino iba a “servirse” un completo al Apoquindo, Le Mans o al Bongo.

El nuevo antofagastense no va a veranear a una cabaña a Juan López u Hornitos, ahora se compra un pasaje al Caribe o Miami.

El antofagastense no tiene dónde comprar libros, ya que no quedan librerías, y en encarga sus lecturas a través de Amazón. El antofagastino iba a comprar sus libros a la Feria de calle Maipú (antes que la PDI la decomisara).

El Antofagastino tenía que atenderse en el Hospital Regional, o en la nunca bien ponderada Clínica Antofagasta. El antofagastense compra un ticket en Lan o Sky y se atiende en alguna Clínica en Santiago; “nica me atiendo acá”, señalan.

El antofagastino tenía diversos panoramas para divertirse. Un paseo por la Avenida Brasil; ir a los Baños Municipales a darse un chapuzón, o ver el waterpolo en el Balneario, mientras que el antofagastense va al Casino (o en su defecto a las “salas de juego” del centro) o hace “running” por la costanera.

Para ver películas, el antofagastense tiene dos recintos multisala donde llegan los filmes de moda, incluso en 3D, o se queda en casa con su LCD de mil pulgadas conectado a Netflix. El antofagastino, tenía el “Gran Vía” o el “Nacional” con sus sesiones dobles y agujeros en el techo.

El antofagastino mira con desconfianza la llegada de estos “intrusos”, mientras que los antofagastenses señalan que solo están aquí por una cosa “laboral”, y viven criticando nuestra deficiente infraestructura urbana.

No es un tema nuevo. La llegada de habitantes a la “Perla del Norte” lleva tiempo, y el proceso de integración se hace complejo por diversos factores (turnos 7 x 7 o dificultad para determinar la “identidad” local, por ejemplo) pero es un desafío fundamental para proyectar una Antofagasta al futuro. Esta integración debe ser “el alma” de cualquier plan de sustentabilidad.

Es hora que como antofagastinos asumamos los cambios en el hábitat de la ciudad, en la que existen ciudadanos de diversas partes de Chile y el mundo, en la que abundan los locales de jugos naturales y camionetas 4 x 4 mal estacionadas. Es hora de dejar de “mirarnos el ombligo” e intentar “en la medida de lo posible” aportar para que la ciudad sea mejor.

N. de R.: Antofagastense, es el gentilicio de los habitantes de Antofagasta de la Sierra, capital del departamento homónimo en la provincia de Catamarca (Argentina), en plena cordillera de los Andes.