Opinión de Jaime Araya
Nuevo Trato 2030

Columna de Jaime Araya, abogado.

Hace algunos años, en una pequeña sala de la Universidad de Antofagasta, el sociólogo Alberto Mayol, presentaba resultados de una investigación recién terminada, y que tenía entre sus conclusiones que “el principal problema de las zonas con demasiadas riquezas es de capilaridad, hay tanta riqueza pasando por arriba, que no logra permear ni irradiar al territorio”.

La sencillez de la explicación, demuestra el peso del argumento, vivimos en una región con una riqueza difícil de imaginar, pero limitados completamente para acceder a los beneficios que debiera traernos.

Años de promesas parcialmente cumplidas, de anuncios también parcialmente cumplidos, y que decir de sueños que recién asoman, en una zona que debiera ser líder a nivel latinoamericano en calidad de vida. Nos ha faltado una estrategia agresiva para avanzar más, pero hoy día tenemos valiosos aprendizajes: no hay vía rápida al desarrollo, y no podemos seguir progresando tan lento.

Apliquemos las lecciones aprendidas y hagamos esta vez, un buen trato con la minería. Primero pongámonos de acuerdo en algo básico “Regionalizar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, y luego dialogando concretamente y de buena fe, acordemos como la minería colabora en sintonizar la agenda regional, con el Acuerdo de Naciones Unidas de Septiembre 2015, mediante el cual 193 países acordaron una agenda de 17 objetivos, 169 metas y 230 indicadores para el desarrollo sostenible.

De esta manera podemos impulsar una conversación anclada a consensos existentes, que permitan enfocarnos y trabajar por desafíos planetarios. Empujando juntos, para que la política publica regional, garantice esos mínimos indispensables que hagan posible un presente y un futuro mejor, con más calidad de vida para todos y todas.

Existen condiciones objetivas, para que esta vez escribamos el Nuevo Trato 2030, hay ambiente para que entre todos elijamos un nombre para este Nuevo Acuerdo, pero sobre todo existe la autentica necesidad, de cambiar profundamente las formas mediante las cuales la minería se relaciona con los habitantes de nuestra región, pues la instalación de serios cuestionamientos en materia de sostenibilidad, agua y energía, han favorecido, en parte, este cambio de animo.

Quienes nos dirigen, están muy ocupados en otras tareas, por ello asumamos nosotros la creación de espacios para impulsar la discusión, sin temor y sin complejos, pues esta es una tarea propia de nuestro tiempo, y el problema lo sufrimos todos, una comunidad regional activa y lucida, con mirada y capaz de opinar, es la mejor herramienta para lograr soluciones y compromisos.

De nosotros depende dotar de capilaridad a nuestra región, para que el progreso que pasa por arriba irradie todo el territorio regional, garantizando que cada habitante de nuestra región participe activamente del desarrollo sostenible.

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