A recuperar la ética y el humanismo laico

Por Carlos Cantero, Ex Senador, y Luis A. Riveros, Ex Gran Maestro.

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El abordaje de la crisis que vive Chile la hacemos desde el humanismo laico, en el intento de cautelar la vigencia de sus principios y valores, en momentos en que los límites éticos de la sociedad han sido reemplazados por la primacía materialista. Los valores del humanismo y el laicismo han sido desplazados sin resistencia ni fricciones, sin que las instituciones éticas y filosóficas hayan podido contener esos embates. La República ha ido acumulando una severa crisis producto de esas tendencias, y eso ha explotado como un verdadero huracán en los últimos días.

La explosión social del “Fin de Semana Negro” en Chile, representa el colapso de un modelo de desarrollo que genera inequidad y segregación, frente a lo cual las políticas públicas han sido débiles o han estado ausentes.  Ha sido una protesta en repudio a la primacía materialista y su visión minimalista de la dignidad del ser humano que se ha impuesto en nuestra sociedad. Ha sido contra la ilimitada impunidad y el abuso que se ha normalizado en el ámbito público y privado, y que ha envuelto a toda la clase política como un conjunto. Es el colapso sistémico de la institucionalidad y la democracia chilena, a pesar de los esfuerzos por consolidarla en el período pos 1990.

Es la ciudadanía, en particular la juventud movilizada, la que ha logrado contagiar y convocar voluntades en las calles, las que con el sonido de cacerolas ha verbalizado su repudio a los principios que inspiran este modelo y el desprecio por la política y los políticos de todos los sectores y colores. Aunque aprovechada por violentistas ominosos, ello no ha afectado al fondo de la protesta social, que enarbola banderas justas que alientan una profunda revisión del modelo como se ha venido practicando, para revertir sus nefastos resultados en materia de equidad, de igualdad ante la ley y de perspectivas reales de un desarrollo humano y sostenible

La sociedad reclama cambios, lo que demanda señalar los principios y valores que queremos conservar y en dentro de que límites: libertad, democracia, solidaridad, probidad, transparencia, respeto, etc. Este es un llamado para que abramos la reflexión y activemos vocerías en este sentido, en todos los sectores de la sociedad. Es un llamado para activar liderazgos que entreguen sus luces a la sociedad y encaminen nuestro desarrollo en el marco del humanismo y del respeto por la persona.

Toda esta crisis está cruzada por un tema que está en su esencia: la distinción entre los bienes públicos y privados; la línea divisoria  entre lo individual y lo colectivo; los espacios entre el egoísmo y el altruísmo. Llamamos a tomar consciencia del fracaso de este modelo en la forma actual y construir un nuevo pacto social, haciéndonos cargo de la fractura social y generacional que se ha generado junto a nuevas formas de participación y civismo.  Es un llamado a superar el nepotismo y la endogamia que inducen mediocridad y segregación, lo cual también está en la base gatillante de esta explosión social.  Por eso hay que escuchar a la ciudadanía: la demanda es más que unos pocos subsidios o bonos para inducir la conformidad.  Así se actuó en el pasado, pero nada fundamental se cambió en términos del modelo y sus negativos resultados.

Llamamos a ejercer los liderazgos, cada cual en su propio entorno, para detener la violencia y la irracionalidad, los delitos y saqueos, para llevar paz y orden, respeto y solidaridad, para reconstruir el sentido de comunidad, reinstalar el espíritu de unidad y consciencia sobre el destino común de nuestro país.

Debemos comprometernos en recomponer la vigencia de los principios y valores del humanismo laico, reconstruir un tejido social en la confianza y la colaboración, devolver a Chile el valor del mérito, la probidad y la transparencia, para volcarnos a un consensuar un modelo de Desarrollo Humano, inspirados en nuestros tradicionales principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Para eso, es vital escuchar la voz de la ciudadanía, y ser capaces de atraer la voluntad generosa de la juventud chilena, que piensa en el futuro y que necesita ser atendida en sus reclamos y propuestas. Eso es, hoy en día, el verdadero sentido del concepto de República.

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