Crónica
San Pepe Palma: Patrón de la cultura comunal y del reporteo popular en Antofagasta

"Yo no pido dinero, ni nada para hacer esto. Yo recolecto de la basura y relleno", Pepe Palma. Revisa esta interesante crónica realizada por Abel Araya a uno de los personajes icónicos del mundo cultural de Antofagasta.

José Palma
José Palma / Foto: Abel Araya

Todos los días José Palma se levanta a una hora relativa de la mañana. Entre cuadernos que recolecta de la basura, va llenando de a poco con el conocimiento que recoge. Ya tiene planificado desde hace una semana lo que debe hacer hoy. El hombre, como todos los días, va directo a sus lugares predilectos para ponerse al día en Antofagasta: La Biblioteca Regional o la Biblioteca Viva, ubicada en el Mall.

¿Quién es José Palma? Mucha gente lo reconoce por su imagen. Va a todo evento cultural que se le cruce en la sección de panoramas del diario o los afiches que están en la calle; pero no lo conocen como José Palma, sino como Don Pepe o Pepe Palma. No Pepe, ni Pepito; sino Don Pepe. Siempre está ahí, casi omnipresente; si no está en uno de los eventos; está en otro.

Con lápiz en mano, siempre anota todo lo que observa en las actividades a las que asiste. Siempre con su mirada de niño, inocente y bien concentrada en aprender. Cuando le hablas o le preguntas algo, te responde animosamente con su risa característica que quizás te descoloque cuando la escuches.

José Palma
José Palma

José siempre ha sido de Antofagasta y desde que tiene memoria vive en la misma esquina en Las Brisas con Santiago Amengual, arriba de la línea del ferrocarril. Su casa es de calaminas ya gastadas por el óxido y el calor del sol nortino. Tiene 60 años recién cumplidos, nació un 13 de junio del año 1959.

Respecto a su vida académica, salió de las últimas generaciones que egresaron en 5to medio del Liceo Comercial -el actual Instituto Superior del Comercio Jerardo Muñoz Campos- se tituló de Contador General. Además, trabajó como guardia de seguridad en tiendas comerciales y en bancos. Cabe destacar que sabe controlar armas por los cursos en los que se especializó.

Su caminar es a su ritmo en la calle, cuando uno lo ve no cree que tiene tantos escritos y cultura dentro de su morral. Llega a la Biblioteca Regional y saca sus cuadernos, tiene una agenda para estar ordenada; con caligrafía bonita y ortografía bien pulida empieza a escribir; saca el diario, lo hojea y escribe cada tanto.

Soledad y el conocimiento

Él vive solo, sus padres murieron hace mucho y le dejaron el terreno en donde se desenvuelve con sus pertenencias más estimadas: sus cuadernos. No tiene pareja, ni hijos; tampoco los tuvo. Siente que sobrarían en su vida. Medita un segundo, “yo no podría hacer nada con cuatro niños. Mire que la señora no va a entender estas cosas. Yo debería estar trabajando.”

De algún familiar vivo no sabe nada, cree que quizás tiene familia en Cochabamba, pero es casi imposible saberlo o visitarlos porque tiene pocos medios. Nombra también a la ciudad de Contulmo en la región del Bío-Bío, quizás ahí hay familiares; tiene pocas opciones. Cree que puede encontrarlos por medio de internet, pero apenas sabe googlear. “Cómo no me gustaría saber quién es mi pariente de Bolivia. Puede haber alguna familia, un pariente cercano para mantener correspondencia. Es algo que se debe buscar a la familia. Pero no hallo la fuente”.

La popularidad

Llega a la Biblioteca Viva ubicada en el mall, el día es relajado, no hay eventos a la vista. Mañana es la finalización de SACO8, me explica. No tiene filtro en los eventos que va, en algunos recintos lo dejan entrar gratis, porque lo conocen. Me comenta que mañana es el día de independencia de Bolivia, pero no se ven eventos acerca de estos temprano, solo uno en el New Kaskada Like que será en la noche.

“A veces voy, porque me conocen los bolivianos, pero el problema es el transporte. Si termina a las cuatro de la mañana, qué micro irá para allá (a su casa). Y ahora descarto a los bolivianos (el evento), porque no se puede”. Mientras conversa cada tanto toma aire, su expresión corporal describe mucho, mueve sus manos y explica todo con ellas; es un segundo lenguaje junto a su contagiosa risa se complementan.

Su casa es una biblioteca amateur y humilde. Comenzó hace diecisiete años con el tópico de la danza boliviana, tiene cientos de papeles apilados; sus vecinos piensan que tiene el mal de Diógenes de Sinope. Pero cada uno importa, todo interesa. Algunos se repiten, otros se pierden.

“No es que yo los invente, los cuadernos se hacen de acuerdo con lo que hay (…) Si tengo un montón de cosas ahí, no tengo más espacio, debería tener para construir y eso no es fácil. Otra casa y a dónde ¿Cómo voy a tener otra casa? Yo debo dar vueltas, sacar todo eso y no podría venir pa’ acá porque estaré ordenando y me come mucho tiempo.”

El futuro

El día de hoy va a ser tranquilo, en un lunes no se hace mucho, no hay movimiento. Explica que en la Viva se queda toda la tarde. A Don Pepe le encanta su trabajo. Le gustan los medios masivos, pero no participaría en uno. “Me han dicho: ¿por qué no escribe? En El Mercurio siempre hay alguien que escribe (columnas), invitan a algún pintor a hablar de ciertas cosas. Por ejemplo, a Andrés Sabella lo tenían siempre. Él hablaba todo de sus vivencias. Yo le respondí, ahí nomás, porque eso se lo dejo a los maestros. Yo no soy maestro, yo soy aprendiz”.

Varias veces le han invitado a escribir libros, pero dice que ya lo ha hecho con sus cuadernos y que está satisfecho en eso. “¿Qué voy a hacer más? Si está listo aquí. Yo no pido dinero, ni nada para hacer esto. Yo recolecto de la basura y relleno. Pero hay maestros y la gente le gusta dejar su legado, personas que saben. El Estado ayuda y también los particulares que ayudan a esa gente para que puedan editar sus libros. Que no se pierdan esos conocimientos.”

Apuntando un cerro explica que no cree en Dios, sino en algo que hay, alguna fuerza que hizo el cerro, pero que hay alguien que maneja esa fuerza, porque no se mueve sola. Declara que “se va de este mundo, porque aquí somos prestados y esos conocimientos se van al otro mundo. Pero allá no sirve, esto sirve acá.”

Cuando se vaya Don Pepe, ¿quién seguirá? ¿se perderá todo lo recolectado? ¿qué será del conocimiento que se encuentra escondido en su hogar de calaminas?

A él no le preocupa, le han llegado comentarios de halagos y admiración. Responde: “Usted quédese ahí nomás, vaya allá donde tenga que trabajar usted. Tenga casa, auto, lo que quiera. Esto acá no le va a dar nada (señalando su agenda), esto no es pa’ todos. Esto es para la gente que le guste y se dedique, que entregue su vida.”

Finalmente, alrededor de las diez de la noche llega a su casa, lleva sus remedios “a terreno”. El frío a veces penetra su hogar, se quita los zapatos y se acuesta. Mañana es otro día, otro día ya planeado de nuevos eventos, otro día donde José Palma va a descubrir y anotar hasta que su alma se lleve su conocimiento donde ya no le sirva, allá arriba.

José Palma, recolector de cultura, quien se ha entregado años a lo que le gusta, ha entregado tiempo y eso no se recupera. Sin embargo, eso no le molesta, le molestaría no saber. Simplemente es el patrón de la cultura comunal y el reportero popular.

2 Comentarios

  1. Gracias, Abel, por relevar a tan importante actor de la cultura en esta Ciudad. Te felicito y también a Don Pepe siempre presente y tan simpático.

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