Objetivo de la clase: Hablemos del estallido social

Por Cristian Celedón, Asesor en Educación Universidad de Chile

Foto: T13

Cristian CeledónComo todo chileno, he estado inmerso en una mixtura de emociones y pensamientos durante estas semanas de manifestaciones sociales. Hemos sido testigos en primera fila de cómo la inequidad estructural, que por años fue reprimida por el agresivo modelo económico chileno y olvidada por una clase política adormecida en el statu quo, simplemente explotó frente a nuestras narices.

Muchos de los profesores con los cuales me ha tocado trabajar me han escrito para preguntar sobre maneras apropiadas de cómo abordar la compleja situación actual cuando sus estudiantes retornen a clases. Sin el afán de dar recetas, y, como muchos de nosotros, sin saber cómo esta crisis institucional evolucionará en el tiempo, humildemente he querido presentar algunas sugerencias generales propias y otras basadas en reflexiones de expertos en la materia, orientadas a todas y todos aquellos docentes (principalmente con foco en educación media y superior) que desean construir espacios de discusión y reflexión con sus estudiantes.

La profesora de historia canadiense, MSc Sarah Kingstone, experta en la enseñanza de contextos históricos de crisis y miembro de la red internacional de Educación, Política y Equidad de la Universidad de Glasgow, recomienda un abordaje pedagógico para estas circunstancias basado en 3 dimensiones claves: una dimensión empática, una segunda histórica y una de tipo crítica. 

Respecto a la primera, la experta señala que es fundamental e imprescindible promover prioritariamente la práctica de la empatía, intencionando un espacio de respeto que favorezca una apropiada gestión de las emociones, tanto de los estudiantes a nivel personal, grupal, y como para con el docente. El objetivo de esto es activar escenarios de escucha activa, calma y confianza, sobre todo ante la muy probable aparición de divergencias entre las opiniones de los estudiantes.

Es crítico, antes de iniciar cualquier otro tópico de discusión dentro del taller de reflexión, brindar un espacio de conversación sincera y abierta, donde se les permita a los y las estudiantes expresar sus estados emocionales y vivencias, con tal de que los mismos puedan verbalizar estas sensaciones.

Es relevante para la construcción de un espacio propicio de convivencia para la reflexión dentro del aula, que los y las estudiantes puedan comprender grupalmente las vivencias de cada miembro, siendo el docente cauteloso que esta conversación inicial no propicie divisiones o “bandos” (lo cual puede ser detectado rápidamente por el docente atendiendo al discurso empleado por el estudiantado, donde se indiquen palabras que marque divisiones como “nosotros y “ellos”, por ejemplo). No es recomendable evitar o inhibir la discusión de temas complejos, siendo el desafío en este sentido la transformación del conflicto en oportunidades de reflexión.

En contextos educativos, la Dra. Kathy Bickmore de la Universidad de Toronto, sugiere cambiar la forma en que se enfrentan las diferencias, reconfigurando los roles en la discusión, promoviendo un prisma integrador más que de divergencia (en otras palabras, poner al estudiante en los zapatos de su compañero, para favorecer el entendimiento del punto de vista divergente). Para facilitar desde el inicio este escenario de respeto mutuo, se sugiere que el docente pueda acordar con sus estudiantes reglas básicas de convivencia para el escenario de reflexión. Por ejemplo, asignar tiempos para la entrega de las opiniones, brindar turnos para la palabra, moderar ante desajustes conductuales, re-orientar discursos que exhiban agresividad, parafraseo de las ideas de los y las estudiantes por parte del docente, denotando que sus posturas han sido efectivamente escuchadas y controlar los posibles juicios morales que puedan exponerse sobre las opiniones vertidas.

Otro punto relevante, es que el docente no puede improvisar este espacio. Por el contrario, este debe ser preparado cuidadosamente con antelación, contando idealmente con guiones de preguntas o temas, descripción de objetivos, etapas, tiempos y posibles resultados esperados.

Por su parte, respecto a la dimensión histórica, es relevante que las y los estudiantes puedan comprender el “por qué” del fenómeno social que vivimos como país, evitando que la reflexión se sitúe sólo en base al momento actual. En este sentido, luego de establecer un clima adecuado de confianza y brindados los espacios necesarios para la correcta gestión de las emociones de los y las estudiantes, es interesante en conjunto reflexionar sobre las posibles causas raíces del fenómeno, contextualizando los eventos, relaciones, procesos y estructuras sociales, políticas y económicas actuales y pasadas. ¡Ojo!, que esto no es sólo aplicable a una clase de historia o educación cívica, sino que a cualquier escenario de diálogo que un docente de cualquier asignatura desee promover.

Es relevante indicar que esta dimensión no se trata de que el docente dicte una “clase o charla” sobre las causas del estallido social, sino más bien brindar un espacio de conversación entre los estudiantes donde ellos mismos (guiados por el docente) puedan expresar sus ideas y entrelazar sus conocimientos bases históricos con tal de estructurar y proponer análisis explicativos del fenómeno. El pensamiento y reflexión histórica son trascendentales para limitar que las conceptualizaciones de los y las estudiantes puedan ser susceptibles a manipulación, ayudándolos a construir una compresión integral, propia e informada del proceso social que vivimos, independiente de sus posibles posturas ideológicas de base.

La dimensión crítica, conectada directamente con la histórica, pone su foco en favorecer que, durante la reflexión, la construcción de las opiniones del estudiando sea resultado de un análisis reflexivo profundo, donde las diversas variables asociadas al fenómeno puedan ser discutidas y puestas sobre la mesa, utilizando concienzudamente la evidencia disponible. Lo anterior se vuelve trascendental, tomando en consideración el amplio acceso a información que poseen los jóvenes mediante las redes sociales, donde diariamente son bombardeados con videos, fotos, audios, noticias (verdaderas y falsas), testimonios, etc.

Es importante que los docentes puedan promover una visión crítica entre sus estudiantes al momento que los mismos dan a conocer sus opiniones, con tal de que estos sean capaces de cuestionar la información recibida, verificar fuentes, triangularlas de ser necesario y distinguir que información es confiable y cual no. Es interesante que, dentro de este análisis, el docente pueda intencionar la discusión de temas relevantes al momento de crisis experimentado, tales como la equidad, justicia social, inclusión, género, derechos humanos, pobreza, constitución, entre otros. En esta etapa, el docente puede utilizar otras herramientas de trabajo diferentes a la reflexión conjunta inicial, tales como el trabajo en equipo, grupos interactivos o de discusión, tertulias dialógicas, juego de roles, etc.

A su vez, no es recomendable plantear ciertas temáticas como “intocables” o menos imponer valoraciones ipso facto sin posibilidad de mayor análisis ulterior dentro de situaciones que nos encontramos viviendo. Un ejemplo claro de esto, es cuando se predica la “condena de la violencia” pero sin paralelamente generar un análisis comprensivo del porqué de la aparición de la misma dentro del fenómeno social.

Expertos indican que es discutible juzgar la moralidad de la violencia sin antes discutir y reflexionar sobre el fenómeno de forma integral, incluyendo la conversación sobre la violencia estructural sistémica, la violencia represiva, defensiva, anti-sistémica y todas aquellas ligadas a la cadena de expresión de la misma dentro de una sociedad y, sobre todo, dentro de un escenario de crisis social. Para los y las estudiantes tendrá mayor sentido oponerse a la violencia, si a la vez son capaces de comprender las causas, implicancias sociales, consecuencias y círculos viciosos de donde surge la violencia social. Lo mismo para temas críticos y urgentes de analizar, como la violación de derechos humanos que nos encontramos lamentablemente vivenciando como país.

Y como docente ¿qué hago con mi opinión, emociones y puntos de vista personales dentro de este espacio de reflexión? Es complejo, ya que todos estamos inmersos por igual en este estallido social. Un punto relevante es que los docentes, como moderadores de este espacio, deben ser precavidos de no centrar la conversación en base a sus propias experiencias, opiniones, emociones o creencias, sino más bien facilitar el escenario de reflexión en favor de sus estudiantes.

Expertos de Educación 2020 sugieren que el equipo docente pueda revisar estos temas previamente en conjunto y generar espacios iniciales de reflexión entre docentes, incluyendo idealmente miembros del equipo directivo, con tal de establecer parámetros compartidos con anterioridad. Sugiero que el docente emita sus puntos de vista siempre al final del espacio de reflexión, y sólo si esta es consultada por sus estudiantes, con tal de no sesgar o influenciar la conversación que pueda darse dentro del estudiantado. Esto no resta que el docente pueda sincerarse sobre sus estados anímicos y emociones, pudiendo ser esto en ocasiones positivo, con tal de promover un escenario de mayor confianza dentro de la discusión, pero no con un fin de imponer una visión o postura predeterminada. Tomando en cuenta las relaciones de poder existentes dentro del aula, es fundamental promover en la relación profesor-estudiante y entre estudiantes un dialogo igualitario, donde no existan “dueños de la verdad”.

Por último, y basándose en el modelo de Triple Enriquecimiento de Renzulli, es interesante que los estudiantes puedan obtener productos concretos desde esta reflexión, con tal de conectar, ordenar sus ideas y obtener conclusiones desde las opiniones, reflexiones y conocimientos analizados dentro de la actividad, además de poder hacer visibles sus emociones y vivencias.

Estos productos pueden considerar propuestas de abordaje de la crisis, proyecciones del escenario país (¿qué país visualizamos?), diagramas explicativos, mapas o arboles de ideas, una declaración conjunta, una idea de nueva constitución, etc. Si es posible, es ideal que estos productos sean exhibidos y compartidos con el resto de la comunidad educativa, y no sólo en los plenarios de cierre de la propia actividad, con tal de proyectar la reflexión desde el aula a la escuela en su globalidad, algo que puede ser coordinado entre docentes del establecimiento.

Finalmente, es relevante que el docente analice con sus estudiantes los pasos a seguir de esta reflexión, y acordar conjuntamente futuros espacios similares de discusión, o la posible inclusión de nuevos actores (como, por ejemplo, vecinos, apoderados, expertos invitados, etc.).

Debemos aprovechar el valioso espacio que brindan los establecimientos educativos para promover la educación cívica y reflexionar sobre el país que queremos. Los y las profesores/as, como sujetos políticos (tal como indicaba Paulo Freire), tienen una misión y oportunidad trascendental en este actual escenario, con el fin de favorecer la construcción de una nueva sociedad, más equitativa, generosa, justa, fructífera y sobre todo crítica, pensante y emancipada.