Columna
Lugares y sabores

Por Nicolas Salinas Sepúlveda, director de área participación y comunicaciones Creo Antofagasta.

Que los ciudadanos se adueñen de cada rincón es la consigna y por eso, para el mejoramiento de la calidad de vida de todos, es clave generar, apoyar y difundir más acciones orientadas a crear instancias de encuentro en espacios públicos urbanos que nos permitan entender cómo surgen las construcciones culturales de cada sociedad y su reformulación en la vida cotidiana.

Las ciudades no son meras escenografías, sino más bien actores protagónicos que incentivan la coexistencia entre los diversos individuos y grupos que habitan en ella. Es en esas instancias en que se nos presenta la posibilidad de repensar y responder sobre cómo visualizamos el futuro y la forma de hacer realidad que esas visiones, sean realidad.

Elementos atractivos hay. Uno de ellos es la comida, que se transforma en un elemento mediador en la esfera pública y permite un acercamiento al modo en que las personas, individual y/o colectivamente, se adaptan y reviven sus tradiciones y conversaciones más primigenias. 

Por ello, lo relativo a las prácticas en torno a la comida – como la producción, distribución y consumo – impacta directamente en los significados que entregamos a la coexistencia urbana, a través de las actividades económicas y al mismo tiempo, de las manifestaciones culturales que aquí se expresan.

La revaloración de la cocina y las actividades que congrega, promovidas por actores públicos y privados – principalmente de los sectores de desarrollo, comercio y turismo- ofrece también oportunidades para transformar las interacciones cotidianas, y para desarrollar símbolos y valores compartidos acerca de la ciudad y sus recursos. 

La alimentación está relacionada con el modo de vida del ser humano y dice mucho sobre la educación y la cultura de las personas. Muestra la riqueza o la pobreza de un pueblo, su abundancia o escasez. El inicio de las civilizaciones está íntimamente relacionado con la obtención de los alimentos: su cultivo, preparación, ritual y costumbres; además del placer de comer.

Existen investigaciones antropológicas que señalan que el gusto y las preferencias son formados culturalmente y controlados socialmente. La manera como se come, lo que se come, dónde se come y cómo se siente quien come con relación a la comida, son todos elementos relacionados con la identidad cultural. 

El multiculturalismo genera que alimentarse forme parte de una experiencia de intercambio de colores, sabores y aromas que incluso pueden convertirse en una experiencia turística, pues no solo se trata de consumir nuevos alimentos, valorando su proceso, sino de usar esta herramienta para entender la cultura de un lugar por medio de su cocina. 

Sabemos que el alimento se transformó en un pilar de desarrollo de múltiples facetas y la gastronomía local es un elemento identificador de nuestra cultura que delimita tiempo, espacio, forma y hábitos alimenticios. Somos lo que comemos y mientras compartimos esa actividad vital, nos imaginamos qué sociedad estamos construyendo y buscamos el camino para que sea cada vez mejor. Un verdadero ganar-ganar.