El estallido que leemos

Por Marcela Mercado, gestora cultural y presidenta de la "Corporación Cultural La Toma"

Recién ocurrido el Estallido Social, días después del 18 de Octubre, cuando aún las manifestaciones sociales de toda índole eran diarias, la crítica literaria Patricia Espinosa señaló que, en términos literarios, había que releerlo todo. Entre la caída brutal de la confianza en lo que reportaban los medios de comunicación tradicionales, comenzamos a buscar y encontrar causas y azares en las clásicas distopías del siglo XX, y constatamos cómo habían instalado la idea de la felicidad como imperativo, una de las motivos centrales de “Un Mundo Feliz” de Huxley; nos enfrentamos al horror del Estado Policial de “1984” de Orwell y terminamos dándonos cuenta que habían sacado del espacio existencial común a la literatura como forma de poner en jaque las jerarquías culturales, tal como sucede en “Farenheit 451” de Bradbury.

Revisamos, con ansiedad, obras de ficción que parecían sacadas de cualquier calle de nuestro país post estallido: “La granja de los animales”, “El banquero anarquista”, “Chilean Electric” y “Sumar”, hasta que empezamos a pensar quiénes eran las voces que construirían el relato de los sucesos actuales, en un anhelo por comprender el sentido de los eventos.

Es en este punto donde nos percatamos que el modelo había excluido del relato oficial a las ciencias sociales en general. En los diagnósticos apurados, no se encontraban referencias a las investigaciones que se habían desarrollado durante décadas ni a la vasta literatura proveniente desde estas disciplinas y que daban cuenta del estallido actual de modo casi premonitorio.

Así, de modo insoslayable, se nos apareció el ensayo “El derrumbe del modelo” del sociólogo Alberto Mayol,  quien el año 2012, con una pulsión casi casandrística, anunciaba que el abuso sería clave en la crisis de legitimidad que se avecinaba y cuyo prólogo ya estaba escrito. En los textos que le siguieron a esta publicación, el académico ponía en jaque al lucro en la educación, investigó acerca de los modelos culturales que fundamentaban al desigualdad chilena y, algo muy interesante, señalaba la falsedad de la hipótesis modernizadora del modelo neoliberal en “Economía política de un fracaso” el año 2015, libro que publicó junto a José Miguel Ahumada. De este modo, el autor, escribió en tiempo récor “Big Bang”, publicado en diciembre de 2019, texto en el que realiza la constatación del modelo derrumbado, la sociedad rota y de cómo la política tal como la conocíamos hasta el 18 de octubre, era una forma ya inútil. La publicación se convirtió en texto obligado en el ámbito académico y ciudadano. Con epígrafes que mezclan textos sagrados con canciones de Los Prisioneros, el “Big Bang” podría ser considerada la obra operática del Estallido.

Otro texto proveniente desde las ciencias sociales que vale mencionar es “Hilos Tensados”. Se trata de un conjunto de ensayos de un conjunto de personalidades provenientes del mundo académico y de la investigación, reunidos y editados por la académica e investigadora Kathya Araujo en la que revisan las tramas y tensiones, acontecimientos e inscripciones a partir del Estallido. Las ideas que se presentan son un conjunto de nociones y tópicos que están siendo pensados desde las disciplinas humanísticas en general. Araujo plantea la necesidad de realizar una lectura no lineal de los sucesos, sino que una lectura sincrónica, reconociendo en la articulación entre la desmesura y la irritación, causada por una multiplicidad de factores que tienen que ver con el abuso de la jerarquía de poder sobre la ciudadanía, un circuito que no consideró la profundidad del desencanto, dando lugar al desapego del orden que nos constituía.

A exactos cinco meses del Estallido Social, y mientras el discurso oficial se debate incansablemente acerca de qué paradigma construir comunicacionalmente, en la ciudadanía ya es claro que se trata de un cambio no sólo político, sino también de un cambio cultural que considera la idea de repensarlo todo, rehaciendo una sociedad en la que todos y todas seamos parte activa.

Han pasado cinco meses y el ángel del abismo parece haberse obsesionado por jugar con las hormiguitas que somos. Las calles llenas primero, hoy están vacías. Del conflicto pasamos a la paz ecuménica. No parece un tránsito, sino una broma. De la rabia al miedo en un par de horas. El estallido se hizo costumbre y luego el alcohol gel y la sospecha de la propia muerte. Recluidos en los hogares el silencio es el nuevo cómplice y el bullicio vuelve a ser de mal gusto.

Hoy es “La Peste” de Camus el texto de referencia, aunque sigue siendo evidente que “Fahrenheit” y la “Granja de los Animales” son parte del asunto. Y el estallido espera en los rincones que la peste abandone las ciudades para volver a decir su rabia y su esperanza. De “La libertad guiando al pueblo” a “El fantasma de la libertad” parece haber un paso. El universo se expande, pero nuestro espacio-tiempo se achica. Y es así como habitamos la narración de todas las narraciones: el apocalipsis de Juan. Quizás es un juego tramposo, quizás. Pero he aquí los dos grupos, la multitud que ha visto la verdad y la masa informe de los que no han aprendido del verbo: de los primeros la revelación dice que había una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y un anciano dijo “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Pero por otro lado ha de llegar el ángel del abismo y abrirá los siete sellos, desatando las plagas. Y he ahí los condenados. Pero aún así el mal sobrevive por que los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

He aquí algunos relatos para este marzo de apocalípticos y desintegrados.