Eloísa superstar, espejo del presente

Columna literaria de Daniel Canto, Licenciado en Historia, Mg(c) Antropología Social.

Daniel Canto, Licenciado en Historia, Mg(c) Antropología Social
Daniel Canto, Licenciado en Historia, Mg(c) Antropología Social

La figura de Eloísa Zurita Arriagada representa mucho para Antofagasta, tanto para la lucha de los derechos de las mujeres trabajadoras como también para la historia local de la ciudad. La parte más documentada de su historia se plasma entre la última década del siglo XIX y la primera década del siglo XX.

Un libro interesante que revela algunas notas corresponsales que ella realizó para el periódico La Alborada de Valparaíso entre 1905 y 1907, es el texto “Torcer la palabra: escrituras obrero-feminista”, compilación realizada por el colectivo Catrileo+Carrión en el año 2018 y que revela también algunas reflexiones políticas de otras mujeres contemporáneas, como Carmela Jeria y Esther Valdés de Díaz entre otras.

En estas notas Eloísa Zurita nos permite observar a través de su pluma lo que ocurría en aquel tiempo en la ciudad. Es claramente Chile una república oligárquica de hombres y  Antofagasta uno de los epicentros de la organización del movimiento obrero. Eloísa escribía desde la letra crítica de una mujer obrera arraigada a su terruño, revelando la existencia de una sociedad obrera solidaria y pujante.  Es posible apreciar en sus notas la proliferación en la ciudad de organizaciones de mujeres, costureras, marítimos, músicos, artesanos, conductores de coches, aguadores, etc. que hacían resistencia social a la sucesiva indolencia de los gobiernos. Eloísa tenía muy claro que ser mujer y obrera era a su vez, una doble condición de explotación:

“Con grato placer admiramos a nuestras compañeras (…), aunque paulatinamente, se abren paso al progreso y al engrandecimiento intelectual de nuestro sexo, derecho oscurecido por los añejos pesimistas, que creyeron y aún creen, que la mujer proletaria, es solo el mueble obligado del hogar, la nodriza encargada de crear vástagos o la esclava dispuesta a obedecer humillándose”.

Otra de las características de su escritura fueron las críticas hacía el centralismo histórico que sufre Antofagasta y los pueblos del norte:

“(…) la endiablada bahía de mi pueblo, que siempre será el terror de los viajeros mientras nuestros gobernantes no se encarguen de llevar a la práctica su mejoramiento. Más, como toda obra benéfica, que tienda a mejorar los pueblos del Norte, de donde las arcas sin fondo de la Nación reciben su mejor ofrenda, esta dormirá el sueño eterno y los miles de ingenieros enviados especialmente por el Gobierno para acometer estudios tan importantes, quedarán, como siempre, encarpetados en el voluminoso archivo del Ministerio”

Las notas corresponsales nos muestran a una Eloísa lideresa, militante, interactuando con diversos actores sociales y políticos, cubriendo reuniones, fiestas y defunciones del mundo obrero local. Interesante es verla acompañando a Luis Emilio Recabarren en sus recorridos por la ciudad en el marco de su campaña a diputado de la cual resultó electo en las elecciones de 1906.  Ella tenía una prestancia pública e inteligencia que fueron también el malestar para muchos hombres y burgueses que no dudaron en criticarla por su tribuna. En un viaje realizado a la ciudad de Valparaíso el periódico porteño El Ilustrado titulaba en una nota del 26 de diciembre de 1906 “Parlanchina” para referirse a la llegada de Eloísa al puerto. Sin embargo, “La señora” como le decían sus compañeras era una mujer muy admirada. Queda de manifiesto cuando la tipógrafa directora del periódico La Alborada, Carmela Jeria la describe:

Su briosa y vibrante pluma, ha llamado, con justicia, la atención, siendo siempre esgrimida en defensa del proletariado. Ha sancionado de manera justa y razonada los manejos de los de arriba, y al ocuparse de sus hermanas de sufrimientos, de su pluma han brotado frases tiernas y consoladoras, que muchas veces han conmovido nuestra alma”.

El insaciable poder de “los de arriba” la lleva a sufrir una profunda herida: el asesinato de su marido Adolfo Vergara en el contexto de la Matanza de la Plaza Colón. Eloísa sin consuelo y sin encontrar justicia escribía:

“Comprendo que justicia no se hace en Chile para los obreros, pero confío en la Providencia, ella que es la más fiel testigo de nuestros actos como así mismo de la severa y recta conciencia con que siempre procedió mi virtuoso y honrado marido, se haga luz sobre este alevoso y premeditado asesinato” 

Nada pudo devolverle a su ser amado. Eloísa encontró refugio en su pluma y en una importante red de compañeras que acudieron a sobrellevar su inesperado desconsuelo.

Desde nuestro tiempo, la luz de su escritura nos permite apreciar la continuidad de una historia que parece haberse detenido. A más de 110 años de estos escritos sus palabras permanecen vigentes y su voz parece galopar atravesando el tiempo. Eloísa es una mujer imprescindible para comprender nuestra historia local y regional, su vida atraviesa acontecimientos importantes como la cuestión social, la lucha por los derechos de las mujeres, el centralismo, el abandono de los trabajadores por parte del Estado, situaciones históricas que ella enfrentó apasionadamente respondiendo desde la acción social, la solidaridad de clase y de género, a la crisis social que envuelve los tiempos.