La filosofía vacía del Ministro Mañalich

Por Renato Figueroa Jiménez, profesor de español y magíster en educación

Renato Figueroa
Renato Figueroa

El Ministro Jaime Mañalich sostuvo con Cristián Warnken una conversación extendida en el marco de “En persona” de Icare a raíz de la decisión del Gobierno de querer impulsar una “nueva normalidad”. En dicho contexto, me llamó la atención escuchar hablar al Ministro sobre filosofía, no porque considere que es una persona incapaz de filosofar ni porque crea que en su cargo y profesión no es merecedor de atreverse a incursionar en un “campo humanista”, sino que por el contrario, esbozaba una serie de comentarios insulsos que alimentaban un discurso relleno de palabras bonitas y lujosas.

Ahora, que el Ministro haya enfrentado una diálogo abriendo la discusión hacia la filosofía me parece positivo, es un empuje a visibilizar una disciplina que desde distintos gobiernos han tratado de sustraer del currículum nacional, mientras que muchas escuelas han hecho el intento de incorporarlo en niveles más pequeños.

Así, en el discurso del señor Mañalich se expone con seguridad que “este es el tiempo de los filósofos” con tal soltura que sus palabras van en su contra, demostrando la superficialidad de quién no comprende qué es la filosofía, ¿acaso no todo tiempo es el tiempo de los filósofos?

Con dicha frase, Jaime Mañalich argumenta que hoy es el momento en que los filósofos se hagan escuchar, que con ayuda de “ellos” podríamos salir de esta situación de crisis. Y, si bien cualquiera podría creer que esta postura del Ministro significaría una redención del desprecio sistemático por la Filosofía de parte del mismo Gobierno, en realidad es un mero maquillaje, el peligroso reflejo de una ideología de enajenación.

Veamos dos puntos: en primer lugar, el jefe de la cartera de salud hace mención al filósofo como un “otro”. Habla de quien hace filosofía como un externo que puede ingresar a nuestra sociedad, ése que está en la periferia, el que llega a ayudar. Esto no es menor, puesto que desconocer a la filosofía como intrínseca a las sociedades es un error común de quien no comprende el proceso filosófico. Considerar al filósofo como un otro es solamente recalcar que la actividad filosófica es excluyente y que bajo ninguna lógica permea todas las disciplinas.

En segundo lugar, el Ministro interpela a Warnken sobre el rol del filósofo en la sociedad actual, en los tiempos de hoy. Así, hace una advertencia respecto que un filósofo no debiera ir a un matinal, pues no es el espacio en donde se debe filosofar, sino más bien a instituciones como Universidades. Y si bien es plausible pensar en abrir la filosofía al mundo, sobretodo entendiendo que las Universidades son espacios académicos importantes, al Ministro se le olvida que el acceso a la educación superior no es universal, y que, por cierto, ¿qué lugar más extensivo que un matinal? No solo porque hay mucha gente en casa que podría hacer un zapping rápido y quedar interesado en la temática, sino porque muchas familias en Chile tienen una televisión o, en otros (o los mismos) casos, posteriormente es de fácil acceso a través de redes sociales. Sumemos que estamos en cuarentena. Con esto, no desmerezco para nada la Filosofía ni la actividad filosófica, por el contrario, soy un convencido que ella debe estar al servicio de la sociedad. A lo que voy es a una crítica sobre la concepción de dicha actividad en espacios privados, lo que dista del paseo filosófico compartiendo las ideas que cuestionaban al ser y al entorno.

En conclusión, el discurso del Ministro es un discurso político ajeno a la filosofía –o quizá no- que peligrosamente delimita el actuar filosófico al otro – como cuando en el colegio, hace años, pensábamos que la filosofía y la ciencia eran irreconciliables, cuando en realidad comparten una relación recíproca- y que la sitúa en un pedestal académico de difícil acceso. Vuelvo a insistir, no es raro que esto provenga de quienes promovieron la desaparición de ésta en los establecimientos educacionales. Y peor aún, solo nos confirma que muchas veces no somos esclavos de nuestros pensamientos, sino más bien de las palabras frágiles que lanzamos. Señor Ministro, no se trata de instruirse sobre conceptos como kairos y cronos o preguntarse sobre qué es el ser humano y lanzarlo cual estudiante que leyó un resumen cinco minutos antes de una disertación, sino más bien de demostrar el convencimiento de la filosofía como actividad humana ayer, hoy y mañana, de lo contrario, podríamos cometer errores garrafales como pensar en levantar la cuarentena en zonas de alto índice de contagiados, lo que se evitaría justamente utilizando el pensamiento crítico.