La otra pandemia: precariedad educativa

Por Renato Figueroa Jiménez, profesor de Antofagasta

Renato Figueroa
Renato Figueroa

La llegada del COVID-19 a todo el mundo ha obligado a replantearnos como sociedad. Enfrentamos una pandemia triple: la salud, lo social y la educación. Es necesario, entonces, ocupar algunas líneas de discusión para hablar de “educación en tiempos de pandemia”, un nombre casi apocalíptico a estas alturas: ¿Será que esta pandemia mostró el lado más oscuro de nuestra sociedad?

Un poco más de un mes las escuelas estuvieron funcionando con cierta normalidad. Hubo cambios medianamente sustanciales en la forma de entender la educación (otra mirada evaluativa y el cambio curricular de III y IV medio). Hoy, muchos aspectos discutidos extenuantemente en extensos consejos de profesores pasaron a un segundo plano por la necesidad imperante de trasvasijar nuestra enseñanza presencial a una no presencial, porque el virus traspasó cualquier mascarilla institucional que hasta el momento nos resguardaba, haciendo evidenciar la precariedad del sistema.

Así, afloraron 2 cosas: una precariedad que se venía arrastrando desde hace años. Esto es más evidente hoy para las familias y se nota una merma transgeneracional de analfabetismo digital, el cual no recae solo en las espaldas de directivos y profesores, sino también en nuestros nativos digitales. Al parecer el gremio logró salir sin muchos rasguños, mas hay otra barrera: más de un 40% de estudiantes no cuenta con acceso a internet (o señal estable), computadores (o deben ser compartidos) ni apoyo de sus padres por diversos motivos. Como si fuera poco, el teletrabajo golpea a la familia hasta el tuétano, ya no son solo profesoras/es, son también madres y padres pendientes de sus hijos, de sus tareas, de su salud mental. Por otro lado, quienes realizan la labor de dueña/o de casa – barrer, cocinar, sacudir no se hacen solas– han tenido que organizar sus tiempos de tal modo de funcionar en todos sus niveles. Culpas hay varias: preparación vaga o nula en apps y dominio web, consejos que pueden ser por correos y la falsa creencia de mantener casi todos los elementos propios de una modalidad presencial.

La discusión se centra en una eventual vuelta a clases – que no estamos preparados – en un período de peak de contagios a nivel regional importantísimo, la preocupación de si el año valdrá la pena, si ese 40% o más de estudiantes se verá afectado en qué grado y, por último, de cómo la figura del profesor se torna en la de un artesano de la educación, ligada a la autoinstrucción, preparación de material concreto que se envían o van a dejar a las casas de aquellos con menos opciones de conectividad, grabarse con una improvisación actoral admirable, de hacer tik toks como recurso didáctico, de las horas de preparación de material digital que ¡vaya que es distinto explicar de manera escrita! No olvidemos esos correos el fin semana, los mensajes casi de trasnoche, y esto casi solo por el amor a la enseñanza.

Para finalizar, no nos queda otra que seguir adelante, porque el profesorado en este país siempre lo han hecho, a punta de esfuerzo y cariño, quizá no todos, pero sí ojalá la mayoría. Enfrentamos temores como la reducción del escueto sueldo docente, pero es indiscutible que los artesanos de la educación han logrado sobreponerse y es de esperar que el caos de hoy permita replantearnos las bases educativas del mañana; por mientras, recuerde quedarse en casa y lavarse bien las manos, que todo acto de pulcritud se convierte en virtud.