Sylvia Plath: ¿Debería responder que soy “una muchacha apasionada y fragmentaria”?

Columna literaria por Francisca Navarro, Ingeniera Civil

“Gerry volvió a casa y me dijo que Sylvia debía haberse quedado con nosotros, que no creía que pudiera arreglárselas sola. Sabía que él tenía razón, aunque yo no lamentaba del todo que se hubiera ido. No tenía que seguir siendo una enfermera para ella y sus hijos. Mis hijas no tendrían que renunciar a sus cuartos. No tendría más noches de sueño interrumpido. Y la compasión desgarra el corazón. Por esos sentimientos tuve remordimientos durante mucho tiempo. En la mañana del lunes a eso de las 8 sonó el teléfono. Contesté y el Dr. Horder me dijo que Sylvia había metido la cabeza en el horno y estaba muerta.” Jillian Becker, amiga de Sylvia Plath.

Cuestionando el género, la razón social de la mujer y sus posibilidades, el 11 de febrero de 1963 se quita la vida Sylvia Plath, quien es -quizás- una de las poetisas confesionales mas relevante del siglo XX.  Marcada por la historia como una mujer maldita, poseedora de un talento precoz, logró exponer su vida más íntima con una sinceridad demoledora.

Graduada con los máximos honores del Smith College, becada Fullbright y ganadora, casi 20 años después de su muerte, del premio Pulitzer de poesía, Sylvia crea una obra marcada por los acontecimientos de su vida. En su única novela, La Campana de Cristal, con claros tintes autobiográficos, resalta su intensa lucha personal y literaria a través de Esther Greenwood, estudiante de 19 años, becada de una revista en Estados Unidos que intenta suicidarse y que está en la constante disyuntiva de la condición de la mujer en los años 50: Ser esposa y madre o seguir su carrera profesional. Destacando el tratamiento del matrimonio y el papel de la mujer, se considera a Plath, a partir de esta obra, como un ícono y una imprescindible de la literatura feminista.

Apasionada, crítica, autoexigente y circundando tangencialmente el desgarro en su obra y en su vida, muestra una introducción profunda en los tabúes de la época: la sexualidad, las desesperanza y el suicidio. Su vida se entiende con base en sus palabras. Toda su poesía está sembrada en los terrenos del dolor. Una poesía atiborrada de imágenes.

“Estaba consumido, como si fuera sordo y ciego,

Su cuerpo encallado con la basura del mar,

Una maquina de respirar y latir para siempre.

Las moscas se filtraban por la cuenca del ojo de una raya muerta

Zumbaban y embestían el cráneo abovedado.

Las palabras de su libro abandonaron las paginas como gusanos

Todo brillaba como un papel en blanco”. Sylvia Plath, Antología Poética editada por Ted Hughes

Más allá de su poesía, Sylvia fue una escritora empedernida de diarios de vida, los que vieron la luz en la última parte del siglo pasado. En ellos leemos una real obra poética, adentrándonos en la tragedia sobre la que escribió su obra. Una especia de catarsis, de mujer atrapada por su mente y los estereotipos de la época. La búsqueda constante de la identidad de la mujer y su rebeldía ante las limitaciones de los roles de género, la llevaron a expresar su vida en cientos de páginas.

“En cuanto a los pequeños placeres: creo que este cuaderno oscila entre la cháchara femenina que tanto odio y el cinismo afectado que quisiera evitar. Pero al menos intento ser sincera. Y lo que sale a la luz a menudo es más bien poco halagüeño. Es muy evidente que deseo desesperadamente que me quieran y ser capaz de querer. Sigo siendo muy ingenua y aunque sepa bastante mejor lo que me gusta y lo que no, por favor, no me preguntes quien soy. ¿Debería responder que soy “una muchacha apasionada y fragmentaria”?” Sylvia Plath Diarios Completos, Edición de Karen V. Kukil.