Tesoro humano vivo de Antofagasta

Por María Constanza Castro, Directora del sello editorial Ediciones Hurañas.

María Constanza Castro
María Constanza Castro

“La poesía de Miguel Morales Fuentes transcurre entre un aliento romántico y un impulso de nuevos beneficios de expresión. Es la poesía de un hombre que, favorecido por las musas, conoce cómo transmitirnos su historia, en un lenguaje en constante sobresalto de belleza”, Andrés Sabella 1972.

El poeta Miguel Morales Fuentes es uno de los escasos escritores actuales, sino el único, capaz de herrar la hoja en blanco con versos construidos letra a letra. Es quizás por ese esfuerzo, de acomodar las piezas de hierro en su máquina tipográfica, que este escritor no malgasta la palabra y la llena de significado, dándole un uso distinto del habitual, como sólo un buen poeta de oficio sabe hacer. Nacido en el año 39, ha sido testigo de gran parte del siglo pasado y nos acompañará buena parte de este con su palabra justa, voz auténtica, estampa característica y noble presencia. Llegado a Antofagasta en los años 70, tras tomar un tren al norte sin dirección conocida, fue el mismo Andrés Sabella quién lo motivó a quedarse. La ciudad en esos años bullía de actividad cultural y artística y el poeta muy pronto fue reconocido por sus pares pues ya figuraba su obra en revistas internacionales y antologías literarias. El año 66, en Santiago, había publicado su primer libro, Elegía y regreso, el que tuvo muy buena recepción por parte de los creadores agrupados en torno a la Sociedad de Escritores, muchos de ellos actuales premios nacionales de la generación del 38 y del 50.

Sus publicaciones del año 72 El herrero y la noche y Los versos del tipógrafo Huraño del 2000 son obras poéticas destacadas que fueron premiadas con reconocimientos y becas de creación literaria. El primero fue publicado por la Universidad Católica del Norte y el segundo recopila poemas agrupados de acuerdo al estilo que recoge cada ejercicio literario, contiene odas, poemas urbanos, láricos y epigramas como posible antesala de sus breverías. El año 2018 presentó su último libro Las mil breverías del Tipógrafo Huraño, un compilado alfabético de sus poemas breves, como haikus japoneses o artefactos parreanos, que condensan en una imagen o pensamiento una propuesta que el lector debe completar. Las breverías son momentos de iluminación del poeta, quién tras buscar los materiales en la oscuridad, recibe el pensamiento inspirador como si fuera un relámpago. Así lo ha dado a entender Don Miguel, quién asegura que los insumos poéticos se encuentran en todas partes y que cada quién puede ordenarlos de acuerdo al filtro con el que percibe la realidad. Por esto, no duda en continuar la tarea de seguir construyendo, verso a verso, imagen sobre imagen, un lugar que está más allá de este habitamos, pero que contiene todas las herramientas y elementos cotidianos para poder volver, una y otra vez, gracias a la poesía.

“Convenientemente sumiso, pero sí, conservando en mi ser una flor roja de rebeldía. Yazgo entre déspotas capitalistas. Alegando en las puertas de las notarías y perdiéndome en la mañana de las calles. Compartiendo el dolor de rebeldes que sonríen, como un medio de llegar al pan; entre escritores que no escriben, o entre ignorantes de corazón limpio. Me trago la colación donde se habla de fútbol, mujeres y caballos. Se derrama mi vino y pienso: ¿Hasta cuándo durará esta oscura vida?”        

El herrero y su noche. Miguel Morales 1972.

el Tipógrafo Huraño.
El Tipógrafo Huraño.