Conversaciones para la acción y unidad

Por Carlos Cantero, Geógrafo y Doctor en Sociología.

Carlos Cantero
Carlos Cantero

La idea precede a la acción ¡Así es y seguirá siendo! Luego, en el lenguaje se construye la realidad. La forma de lengüajear: las ideas involucradas, sean positivas, neutras o negativas; la emoción -que define el acto del vivir del ser humano, como la confianza o desconfianza- desde la que se acomete el acto de comunicar; los sentimientos o estados emocionales transitorios, instintivos y espontáneos (alegría, rabia, pena) que motivan a los interlocutores; por un lado, la emisión de una comunicación, por el otro, a quien escucha esa comunicación, son asuntos muy relevantes.

Es muy normal que los actores involucrados sientan emociones y tengan sentimientos, respecto de lo que hacen y del rol que deben jugar, unos con mayor o menor madurez, profundidad y contenidos. También es común que los actores de la primera línea, a uno y otro lado, tengan y hagan referencia despectiva al análisis y la reflexión. La hiperactividad denota, al mismo tiempo, híper-pasividad en las ideas, en la reflexión del hacer, que requiere cualquier acción. Habitualmente descalifican a los que reflexionan, aportan ideas y marcos teóricos. Es decir, a los que tienen pensamiento propio, reflexión crítica del mérito de cualquier acción comunicativa. Para algunos es pecaminosa la crítica, valoran la acción aborregada o de manada, seguir el cencerro sin cuestionar ni pensar. Esto ocurre a la Izquierda, en el Centro y la Derecha.  Más aún, parece ser la característica de la élite y su estilo gestional transversalmente en lo político e inter-generacional. Los que terminan repitiendo monsergas sin el mínimo rigor ni sustento de racionalidad.

Quiero valorar dos acciones de coherencia, consecuencia y coraje. Por un lado, la valiosa intervención de Cristian Warnken, en el matinal de TVN, refiriéndose a cómo reconstruir un país polarizado, dejando en claro que validar la violencia como medio -y peor aún como fin- constituye un disparate, criticando que esa situación es de común ocurrencia en nuestro país.  Solo agregaría que hay diversos tipos de violencia (dura y blanda), ambas igual de dañinas y dolorosas, observada en la Izquierda y la derecha del espectro político, incluido el centro que posa de observador pusilánime. La otra acción que valoro ha sido la crítica fundada y ponderada de Cristian Zamorano, en ATV el Canal de Televisión de Antofagasta, en la que hace un descarnado análisis político de un secreto a voces, la precaria evaluación ciudadana de las autoridades nacionales y en la Región de Antofagasta y el manejo político-electoral que se ha dado a las campañas de repartición de ayuda, lo que ha desatado una competencia de entregas y carreras de descalificaciones entre actores involucrados, incluidos alcaldes, con parlamentarios de por medio.  Ambos analistas insisten en la necesidad del diálogo.

Desgraciadamente está en la naturaleza de las personas sentirse más satisfechas de si mismas que de sus resultados gestionales, esto les lleva a cegarse respecto de sus carencias, que en ocasiones son muchas, a no valorar la experiencia y la buena disposición de la ayuda ofrecida. Mientras tanto perseveran en la rodada, cuesta abajo en la caída, con toda la fauna acompañante. En el ámbito político se observa una creciente ambición por sobre la ponderación de los méritos. Entre tanto las grandes mayorías ciudadanas miran con perplejidad el vergonzoso y triste espectáculo de mediocridad política, marcada de corrupción ideológica ¿Cuándo será el tiempo de iniciar un diálogo productivo?  ¿Deberemos postergarlo atendiendo a las egoístas ambiciones personales de las y los involucrados? Vienen tiempos muy duros para los chilenos. Es el tiempo para iniciar conversaciones para la acción, la concertación y la unidad, en torno al desarrollo y el bien común.