El Rol de las Distopias: El Cuento de la Criada

Columna literaria del profesor Cristhian Campos

Cristhian Campos
Cristhian Campos

El último libro que pudimos analizar en forma presencial en nuestro Club de Lectura Rebelde fue el «Cuento de la Criada» de la autora canadiense Margaret Atwood. Esta distopía, escrita en 1985, nos sitúa en la República de Gilead (antiguamente Estados Unidos) donde impera una dictadura puritana de inspiración bíblica ideada a partir del Antiguo Testamento.

Bajo la mirada de Defred, una criada, vamos conociendo su historia a través de flashbacks que nos explican cómo era su vida, cómo se llegó a crear la dictatorial República de Gilead en la que está inmersa y cómo es posible que solo sus líderes pueden gozar de tener “familias”, las que consisten en disponer de tres mujeres: una Esposa, una Martha y una Criada. La primera, aunque infértil, es la dueña de casa que viste de azul y quien lo acompaña en actividades sociales; la segunda es la sirvienta que realiza los quehaceres del hogar y viste de verde; mientras que la criada viste de rojo y tiene como única función servir de vientre intermediario. En efecto, tras ser detenidas y reacondicionadas por las tías, estas mujeres fértiles son asignadas por un período de dos años a la casa de un comandante. Durante ese tiempo, asisten a una lectura diaria de la Biblia que el patriarca realiza cada noche pero por sobre todo participan de un rito mensual de fecundación.

Muchos han considerado el texto de Atwood como una de las grandes distopias del siglo XX, comparable con 1984 de Orwell o un Mundo Feliz de Huxley. Creo que la propuesta de la autora cumple con un elemento esencial de una distopía, mostrarnos un mundo indeseable, pero posible, actuar como una especie de advertencia de lo que podría suceder, en este sentido es interesante la reflexión sobre como las estructuras y valores que damos por sentadas pueden cambiar, sin que tengamos capacidad de reacción. «Pero llevábamos una vida normal. Como casi todo el mundo, la mayor parte del tiempo. Todo lo que ocurre es normal. Incluso lo de ahora es normal. Vivíamos, como era normal, haciendo caso omiso de todo. Hacer caso omiso no es lo mismo que ignorar, hay que esforzarse para ello. Nada cambia en un instante: En una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo para darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias…Eramos las personas que no salían en los periódicos. Vivíamos en los espacios en blanco, en los márgenes de cada número. Vivíamos entre las lineas de las noticias”.

Aquí la autora aparece través de la voz de Defred para señalarnos que nada cambia de repente y que rápidamente los seres humanos nos acostumbramos a la realidad que se nos presenta creando rutinas y asimilando. Tia Lidia mientras Defred se encuentra en un centro de reacondicionamiento dice: “Ahora mismo esto no os parece lo normal, pero dentro de un tiempo lo será” lo anterior es especialmente relevante en nuestra realidad pandémica con toques de queda, militares en la calle y Estado de Catástrofe del cual se van cumplir tres meses, es interesante cuestionarse cuanto nos hemos acostumbrado a esta realidad y como lo hemos asumido como “normalidad”. Después de todo, si hay algo a lo que los humanos somos adictos es a la rutina.