Los músicos no cuentan

Por Carlos Correa Bau, ingeniero Civil Industrial, MBA.

Carlos Correa
Carlos Correa

Pese a las advertencias de varios, incluyendo al ex ministro del interior Andrés Chadwick, la prima del presidente, siguiendo sus instrucciones, decide abrir el féretro del fallecido Bernardino Piñera. Un concejal de Providencia que no pudo soportar más el stress de estar encerrado sale a andar en skate por una zona residencial, hasta tal punto que los vecinos llaman a carabineros, que se lleva la sorpresa que andaba sin permiso en la calle. La explicación que entrega después de ser pillado es que salió a comprar y olvidó su permiso, sin hacer referencia alguna al patín. Asume que nadie se dará cuenta, y finalmente piensa que las personas no cuentan.

En el primer caso, el primo mayor de la familia Piñera, dice en una entrevista a La Tercera que se ajustaron a 20 personas, contradiciendo a la subsecretaria Daza, que por defender al presidente se inmoló diciendo que eran 18. Si se revisa el video con cuidado, como lo han hecho varios tuiteros, hay un tiro de cámara donde se ve a 23 personas. El periodista le pregunta al primo mayor por los músicos, fotógrafos y sacerdotes que se ven en el video y el primo mayor dice simplemente que esos no cuentan.

Esto podría ser una escena de una comedia de Rillón y Jung si no fuera que en el medio de todo esto el país sufre una tragedia. Más de 4.000 chilenos y chilenas han tenido que despedir a sus familiares fallecidos por Covid con un ataúd cerrado, muchas veces sellado, sin posibilidad de ceremonia religiosa o músico. El ritual necesario para recomponer las vidas no ha sido posible, porque hay un bien mayor, el cuidado de la salud. El presidente por razones que desconocemos, decidió que su deseo lógico de ver a su tío antes de partir era mucho más importante. La escena del guitarrista que sale corriendo cuando abren el ataúd es como el símbolo del pueblo atemorizado por la pandemia. Pero los músicos no cuentan.

Estos mismos días, Calama ha visto como crecen los contagiados y se atribuye dicho aumento a los vuelos de la minería. Las empresas de la zona han tenido que adaptarse a la nueva realidad, pues la dicotomía salud vs economía no existe, debido a que lo primordial será siempre las personas. Pero el daño al terminar esta pandemia será mayor, en especial si se alarga.

Para que funcionen las medidas, tiene que haber disciplina social. Y esta no se logra solo con más fiscalización o restricción a las personas, sino con un mensaje claro de las autoridades respecto al impacto que tienen en nuestras vidas no cumplir con las instrucciones de la autoridad sanitaria. La comunicación no es solo lo que una autoridad dice, sino también lo que hace. La inconsistencia vuelve borrosos los mensajes y por tanto no cumplen su objetivo.

En términos de comunicación política, abrir el ataúd es similar al ministro que dijo que las flores habían bajado, cuando le preguntaron por los reclamos asociados al alza del metro. Es la misma sensación de burla a las personas. Ya sabemos como terminó aquella estrategia de culpar a las flores.

Ver en televisión el mismo día a un ministro pidiendo a las personas que se queden en su casa, y a la prima del presidente abriendo la tapa del sarcófago, para que pueda ver a su tío, no es sólo contradictorio, sino que es una burla a las personas. También lo es un concejal andando en skate en plena pandemia. Para las personas es el mismo saco y la sensación que las normas no se hicieron para la élite. Como dijo el primo mayor, los músicos no cuentan.