Primero: ¿Imagen o palabra?

Columna literaria de Bernardo Cienfuegos, académico de literatura y comunicación de la Universidad de Antofagasta.

Bernardo

Público presente, buenas tardes, mañanas, jornadas enteras. Me remito, al iniciar, a la discusión primaria, derivativa entre peleas de huevos y gallinas: ¿qué es, qué fue primero? ¿Imagen? ¿Palabra? Dicen que ambas o tal vez ninguna. Pero nadie ha reparado, o tal vez aquellos pocos iniciados, que primero que todo fue el desierto en este territorio.

La pampa resopla su indiferencia por los siglos de los siglos.

Entonces aparecen Nicolás Ferraro o Bahamonde o Sabella y pintan sus dibujos de colores, sus acuarelas inmensas hechas de voz y polvo  – algunos les dicen letras y raíces profundas – que fueron ambas y ninguna y que no importa, porque el estandarte es aquel pañuelo tendido al sol:

Alza la mano Ferraro y palpita es que más allá de las brújulas náuticas del nombre, un océano muerto de la oscura residencia marítima vencida… un horizonte uniforme y espeso como un ciego…

Se pone de pie Mario y en un trinar siempre habla el viento sobre el confín: viento y destino terminan por ser una cosa grande, hablándole a los hombres…

Entonces Andrés contesta desde sus bolsillos telúricos: ese silencio monstruoso ¿cómo concebirlo? ¿Cómo dibujarlo? ¿Una mano cortada en un hueco de sal? Y con el viento y el silencio: la noche.

Entonces unos vendrán y alzarán voces diciendo muerte al roto lingüista porque primero la imagen. No son pocos, ¿cómo negarlos? ¿Por qué no quererlos?

Entonces otros vendrán y alzaran voces diciendo no hay roto que no sea tal prefigurado en ese código que respiramos con la mente. Son otros tantos: ¿cómo no entenderlos? ¿Cómo negarlos?

Apagad el sol y las estrellas, porque repito: no importa aquello.

Público presente, en esta tarde, mañana, jornada entera, me remito, al iniciar, decirles sin derivativas ni peleas de huevos o gallinas: el arte es para todos y para ninguno, porque sentir es la consigna; letras, acuarelas, oleos, cantos y salitres y vinos sobre una hoja, sentir es, amigas y amigos, la mayor de las consignas, la única épica plausible, el acto heroico absoluto para quien habita este espacio con nombre de ciudad, costa, Fagania, Antofagasta, desierto o muerte sincera.

Porque de aquello estamos constituidos, sentires afanosos que palpitan entre olas y desiertos, entre minerales y pulsiones absolutas.

Somos imagen y también la palabra.