Ana Karenina de Leon Tolstoi

Columna literaria de Marcela Mercado, presidenta Corporación Cultural "La Toma"

Marcela Mercado

Ana Karenina es, ante todo, una trágica historia de amor entre el joven oficial Alexei Vronsky y la dama que da el título al libro. Por Vronsky es que Ana Karenina desafía a la sociedad burguesa y aristocrática en la que se mueve, que condena el adulterio no porque se practique, sino porque se luce con la libertad con que Ana asume su amor prohibido, desafiando el qué dirán. Alexei Vronsky la ama también y está dispuesto a correr riesgos por ella, pero la sociedad no juzga al hombre adúltero con la crueldad con que aísla y condena a la mujer que viola, como lo hace Ana, el tabú de la fidelidad conyugal.

Aunque la conducta de los amantes se inspira a menudo en las situaciones preferidas del romanticismo, la visión del narrador es realista y muestra cómo las menudas circunstancias cotidianas van erosionando las promesas de amor eterno de la pareja, sobre todo en el joven oficial. Ana Karenina, que había sacrificado por amor su fortuna, su nombre, su posición social y su familia, siente que la tierra se abre bajo sus pies cuando siente que esos sacrificios han sido vanos porque para Alexei Vronsky ella no significa más que una pasajera aventura. El final de la historia, en la Estación del Ferrocarril, es el cuadro perfecto que muestra una cierta idea de la pasión que el romanticismo endiosó y la realidad raras veces ha confirmado.

La novela traza una animada descripción de San Petersburgo y de distintas localidades por donde se movía la sociedad rusa, con sus tipos humanos, valores y prejuicios y teniendo como telón de fondo, los conflictos sociales y políticos que hervían bajo el imperio de los zares.

Inicialmente fue publicada en formato de folletín en 1875, pero no vio su final en dicho formato, sino en la novela que todos conocemos y que se publicó en su primera edición en 1877. Se ha dicho que la protagonista fue inspirada en la hija del poeta Aleksandr Pushkin a quién Leon conoció una noche en una cena familiar. León Tolstoi, nacido en Rusia en 1828, no sólo es considerado uno de los escritores más importantes, sino también un reformador social, un místico cuya idea de que el hombre se purificaba con el trabajo manual y su acercamiento a la naturaleza, sembró América y Europa, el siglo XIX de colonias agrarias tolstoianas donde jóvenes idealistas siguiendo sus doctrinas, abandonaban sus ciudades para aprender de los campesinos una vida frugal y de trabajo de la tierra, gracias a la cual alcanzarían la salud espiritual.

Ana Karenina, aunque menos ambiciosa que la gran novela de Tolstoi, ese vasto fresco de las guerras napoleónicas que es La Guerra y la Paz, es también una de las obras más importantes de la literatura producidas durante el siglo XIX y grandes autores la consideran la obra cumbre del realismo ruso, y una auténtica obra maestra admirada por otros autores como Dostoyevski o Nabókov.

“Esta columna está dedicada a mis queridos y valientes amigos Carlita Julio y Manuel Pérez, con quienes la releímos mientras recorremos la ciudad en tiempos de contagio”