A propósito de las mujeres

Columna literaria del profesor Cristhian Campos

Cristhian Campos
Cristhian Campos

Este es el título del articulo que precede y que da el nombre a esta colección de ocho relatos de la escritora y ensayista italiana Natalia Ginzburg, en el sostiene que las mujeres son una estirpe desgraciada e infeliz con muchos siglos de esclavitud a sus espaldas y que tienen la malsana costumbre de caer en un pozo. Un pozo de melancolía oscuro y profundo, del que no siempre pueden salir, porque las mujeres piensan mucho en sí mismas de una forma amarga y febril que los hombres desconocemos. Ginzburg es una gran escritora pequeña, capaz de contar la intimidad y el paso del tiempo. Ligera y profunda al mismo tiempo, su obra muestra una extraordinaria capacidad de percepción de las aristas del ser humano. Tras su prosa aparentemente modesta y natural hay una mirada comprensiva y un relato en off del siglo XX, es una especie de “sencillez falsa” que permite generar intimidad y cercanía como anzuelo para hablar de temas profundos y trascendentales.

Lo maravilloso de cada texto es la profundidad de los personajes en espacios muy breves; estos relatos nos presentan la femineidad a través de los ojos de otros: de los hijos, de los amantes, de los esposos e incluso de la propia mujer a propósito de un hombre. Casi no existen voces femeninas y sin embargo es una obra feminista porque logra configurar mujeres imperfectas que se matan por desamor, que desean a otros hombres, adulteras, malas madres, en definitiva, un catálogo de vidas que sale de las leyes del género. El artículo inicial se vincula perfectamente con los relatos posteriores pues estas “peculiaridades” que definen la feminidad no se trata de una esencia asociada a una presunta fatalidad biológica, sino de un conjunto de rasgos determinados por un modelo de sociedad que distribuye papeles desiguales y las predispone a experimentar ciertas emociones.

En mi opinión, el relato más interesante es “La Madre” que nos muestra a una mujer que no cumple con nada de lo que se espera de su rol de madre de dos hijos, incluso es cuestionada por ellos mismos respecto de lo que debería ser “A los chicos les resultaba extraño haber nacido de ella. Habría sido mucho menos extraño haber nacido de la abuela o de Diomira, con sus grandes cuerpos cálidos que protegían del miedo, que preservaban de temporales y ladrones. Era muy raro pensar que su madre era aquella, que los había llevado un tiempo en su pequeño vientre. Desde que se enteraron de que los niños están en la barriga de la madre antes de nacer, se habían asombrado e incluso avergonzado un poco de que aquel vientre los hubiese acogido durante un tiempo. Y también los había amamantado, lo que resultaba aún más raro. Pero ahora ya no tenía hijos pequeños que amamantar ni acunar, y todos los días la veían irse en bicicleta después de la compra, con el ímpetu libre y feliz del cuerpo. Sin duda no les pertenecía: no podían contar con ella. No podían pedirle nada”.

Los escritores malos escriben textos malos sobre temas grandilocuentes, los buenos logran escribir obras maravillosas con temas minúsculos, con los equívocos cotidianos con los que se compone nuestra vida, con un sentido de verdad, de sinceridad que lo hace mucho más creíble. Por último, Ginzburg es crítica con aquellas mujeres que quieren ser rescatadas de ese “pozo” al que alude inicialmente y las insta a dejar de compadecerse y buscar su libertad “el mundo no progresará mientras esté poblado por una legión de seres que no se sienten libres”.