César Vallejo, poeta peruano

Por Marcela Mercado, presidenta de Corporación Cultural "La Toma"

Marcela Mercado

El poeta y escritor César Abraham Vallejo Mendoza, nació en Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892  y se le conoce como uno de los más grandes innovadores de la poesía del Siglo XX. En opinión del conocido crítico Thomas Merton fue el más grande poeta universal después de Dante. Publicó en Lima sus dos primeros poemarios: “Los Heraldos Negros”, en 1918, que reúne poemas que si bien en el aspecto formal son todavía de influencia modernista, constituyen a la vez el comienzo de la búsqueda de una diferenciación expresiva y “Trilce” de 1922 que es una obra que significa ya la creación de un lenguaje poético muy personal, coincidiendo con la irrupción del vanguardismo, a nivel mundial. De los Heraldos Negros:

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!”

Los padres de Vallejo querían dedicarlo al sacerdocio, destino que él aceptó de muy buena gana en su primera infancia. De ahí que existan tantas referencias bíblicas y litúrgicas en sus primeros versos.

Estudió en la Facultad de Letras de la Universidad de Trujillo, pero por problemas económicos retornó a su pueblo con el propósito de trabajar y ahorrar para continuar luego sus estudios. Ayudó a su padre en sus tareas administrativas de Gobernador y tomó contacto con la realidad de los trabajadores de las minas de Quiruvilca, cerca de Santiago de Chuco, lo que recordará luego en su novela “El Tungsteno”:

“Los mineros salieron de la mina, remontando sus ruinas venideras. Fajaron su salud con estampidos y enamorando su función mental cerraron con sus voces el socavón en forma de síntoma profundo”

En 1911, Vallejo viaja a Lima para matricularse en la Facultad de Medicina de San Fernando, pero nuevamente abandona el claustro universitario por razones económicas, o tal vez, por haberse desilusionado de dicha carrera. Luego, regresa a Trujillo y en 1912 consigue un modesto empleo como ayudante de cajero en la Hacienda azucarera de Roma, en el Valle de Chicama, donde fue testigo de la cruel explotación de los peones indios.

Una vez vuelto a Trujillo, comienza a frecuentar a la juventud intelectual de la época, agrupada en la bohemia trujillana, conocida luego como Grupo del Norte. Publica sus primeros poemas en diarios y revistas locales, algunas de las cuales son recogidas y publicadas en libros y se enamora de María Rosa Sandoval, joven atractiva e inteligente que fue la musa inspiradora de algunos de sus poemas de “Los Heraldos Negros”: 

“Anoche, unos abriles granas capitularon

ante mis mayos desarmados de juventud;

los marfiles histéricos de su beso me hallaron

muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé.

Posteriormente conocería a Mirtho, cuyo nombre de pila era Zolia Rosa Cuadra, con quien vive un apasionado romance y cuyo desengaño lo hizo atentar en contra de su vida. Se traslada a Lima, donde se vincula a lo más granado de la intelectualidad limeña. A Mirtho le dedicaría encendidos poemas:

“Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos. los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.”

Luego, se enreda en otra tormentosa relación amorosa, esta vez con Otilia Villanueva, debido a ello, pierde su puesto de docente. Ella será la inspiradora de varios de los poemas de su segundo libro, “Trilce”

“Pienso en tu sexo.

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,

ante el hijar maduro del día.

Palpo el botón de dicha, está en sazón.

Y muere un sentimiento antiguo

degenerado en seso.”

Este poemario pone en escena el erotismo como experiencia interior y la comunicación en el sentido de pérdida de la identidad y el abandono de la propia subjetividad. Aún en su fragmentación y hermetismo, Trilce construye una concordancia entre el ser y el encuentro erótico.

César Vallejo fue responsabilizado de un incendio y saqueo de una rica hacienda en la ciudad de Trujillo, lo que lo lleva a ser apresado y encarcelado durante 112 días. Libre, se embarcaría rumbo a Europa desde donde no regresaría más. Allí tuvo una carrera reconocida, relacionándose con importantes poetas e intelectuales como Pablo Neruda. Finalmente, tal como lo había anticipado en uno de sus poemas más conocidos, César Vallejo moriría en París, un jueves, en medio de un aguacero.

Vallejo inventó palabras, forzó la sintaxis, empleó la escritura automática y otras técnicas. Se adelantó a la renovación del lenguaje literario que ensayaron, luego, Vicente Huidobro y James Joyce, convirtiéndose, sin duda, en una de las cumbres de la lírica mundial.