Chile: ¡Se busca liderazgo eco-ético-relacional!

Columna de Carlos Cantero, Geógrafo y Doctor en Sociología.

Carlos Cantero
Carlos Cantero

Nuestro país vive una crisis estructural en su institucionalidad, un proceso de descomposición ética que alcanza gran parte del todo: global, nacional, regional y local. Ocurre como en esos cajones con frutos de temporada, que luego de un tiempo, cumplido el plazo señalado por la naturaleza, comienzan un espontáneo proceso de descomposición.  Un tomate descompuesto termina pudriendo el cajón entero, dejándolo inservible en poco tiempo.  Eso es lo que se observa en la sociedad chilena.  Múltiples males le acechan: incompetencia, soberbia, ignorancia, corrupción, violencia, narcotráfico, demagogia, etc. Esto no es nuevo en la historia, ha ocurrido muchas veces, la última fue el proceso de descomposición que culminó con el derrumbe de la URSS.

La revolución ocurre en y desde las tecnologías de información y comunicación, que alteran las dimensiones témporo-espaciales de las personas, lo que cambia radicalmente las formas relacionales.  Este cambio auto-constitutivo altera la persona, las organizaciones, empresas, instituciones y hasta la vinculación en los territorios.  La revolución digital cambia sus dimensiones relacionales, es decir: la centralidad, proximidad, centralidad y conectividad.  De paso se va democratizando el acceso a las tecnologías y a las redes sociales, de tal manera que cambia la forma de entender el mundo y percibir la realidad.  Aquello que comenzó como una época de cambio, ha terminado mostrándose como un cambio de época, que implica profundos cambios culturales, en la forma de ser y estar en el mundo.

La élite se muestra desorientada, extraviada en sus prioridades, desconectada de las amplias mayorías sociales, no entendiendo sus reclamos y reivindicaciones.  Paralelamente observamos en la política una actitud ensimismada, ajena, fuera de la realidad, desentendida de las reales prioridades de la gente, que pide cambios: políticas públicas con autentica sensibilidad social, cuidar y ampliar los bienes públicos, priorizar el buen uso de los recursos, impulsar una democracia sana, fortalecer el sentido ético, enfatizar los valores republicanos, el mérito y la excelencia, la respuesta es desprolijidad, permisividad y opacidad, doble estándar y conductas abusivas en diversas dimensiones, con amplios márgenes de impunidad.

Para que Chile retome la senda de progreso y desarrollo, se requiere un LIDERAZGO ECO-ÉTICO-RELACIONAL, que cada sector político asuma públicamente sus vergüenzas, pida perdón y reconstruya las confianzas.  Que el mundo de la economía la asuma como tal, superando el desbordado culto a lo financiero; sus contabilidades deben incluir los activos y pasivos ambientales, culturales, morales y emocionales. Que los referentes espirituales, religiosos, éticos, filosóficos e iniciáticos asuman su rol y liderazgo en la sociedad, que entreguen sus luces y bendiciones donde reinan las tinieblas y la oscuridad, que asuman el mandato de coherencia del verbo y la acción.  Hacer carne en todos y cada uno de los actores de nuestra sociedad el mandato bíblico de Lucas 6: Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

Sé que es un deseo quimérico.  Pero, también sé que en las ideas se construye la realidad, que del lenguaje surge la coordinación de acciones, que las intenciones y el compromiso mueven montañas.  Tengamos fe y esperanzas en el destino de nuestro país. De esta forma cada cual podrá retomar su liderazgo con pertinencia, en lo que es mejor!! Dejando atrás el abuso, la hipocresía y el doble estándar, asumiendo con coraje un compromiso ético!! Se requieren liderazgos eco-ético-relacionales, para beneficio de todos.