El “Roto”

Columna literaria del profesor Cristhian Campos

Cristhian Campos
Cristhian Campos

Andan muchas versiones del porqué de la palabra “roto”, que designa a nuestro varón de pueblo; “roto”, es decir, zaparrastroso, andrajo que camina. Yo no soy sino un poeta que conversa, y opino que el chileno luce bien representado en esta expresión: el chileno “roto” y manirroto, está roto de sangre, roto por tantas cosas. Pero el corazón no tiene sino un hoyo, por el que escapan, entremezcladas, la lealtad y la picardía. ¡“Roto”!  (Andrés Sabella en Chile, Fertil Provincia).

Según Oreste Plath, los orígenes de la palabra se remontan al período de la Conquista, cuando los españoles viajaban a Perú con distintos atavíos, «y los más vestidos iban extraña y estrafalariamente abigarrados, lo que hizo que se les denominara ‘rotos’ en el sentido español de la palabra, que es ir de cualquier modo«. El historiador Gabriel Salazar, señala que este personaje tuvo su apogeo desde principios del siglo XIX, cuando ante la crisis del campesinado un grupo etario entre los 15 y los 20 años decidió marcharse a buscar suerte. «Se les llamó rotosos porque andaban con la ropa raída, andaban sucios, no eran conocidos puesto que siempre venían de otra parte. Además eran como muy atrevidos e insolentes, porque siempre estaban soñando que caminando iba a haber un cambio de suerte, que su destino iba a ser mejor» es entonces cuando la figura del roto se asocia al bandidaje, al salteador de camino y la respuesta del Estado va a ser la represión como «afuerinos y merodeadores», como sospechosos y «enemigo interno», en muchas oportunidades intentaron integrarse al sistema productivo como campesinos, chacareros, pirquineros y artesanos, sin embargo el sujeto mestizo carece de derechos (hasta 1931 con el código del trabajo) y en esa condición son explotados salvajemente por los propietarios, prestamistas e incluso por los «diezmeros» de la Iglesia católica.

La figura mítica del “roto” nace luego de la Guerra con la Confederación Perú-Boliviana,  en que los sectores populares son la primera línea de las tropas, ganando la crucial batalla en Yungay en 1839 «Por la rabia que contenían en sí mismos fueron soldados tremendos. Por eso que el roto chileno fue una mano de obra gigantesca que fue usada y abusada en el siglo XIX”. Sin embargo, luego de los homenajes, las estatuas y los pasacalles los grandes perdedores de la Guerra fueron ellos que no obtuvieron ninguna retribución del conflicto y fueron utilizados como carne de cañón para el beneficio de la elite.

En sus lineas Sabella construye un bosquejo de la identidad nacional basada en sus personajes, enriquecida por sus vivencias, por su historicidad, un ser social de carne y hueso con fortalezas y debilidades. Podría pensarse que esto responde a una construcción patriotera, chovinista, sin embargo lo que busca representar es el sacrificio de los sectores populares y su lucha por salir adelante a partir de la representación de un personaje entrañable, creador y esforzado, un sujeto que traspasa épocas históricas; Sabella se introduce en las condiciones de su existencia y estas se encuentran diseminadas a lo largo del territorio, en sus costumbre y en su construcción cotidiana de la nación. Ellos, pudieron no haber levantado discursos ni organizaciones estables, pero de su experiencia cotidiana y de sus aspiraciones como personas nació una conciencia, una identidad y un proyecto histórico, que aunque confuso, siempre ha estado presente en el mundo popular. Las palabras y los sueños de los sectores populares representan ese proyecto en los términos de una “sociedad mejor”, mejor en cuanto a los valores que sustenta: sencillez, camaredería, comunidad y solidaridad y que por su contenido humano son los opuesto al individualismo y la desintegración social del proyecto neoliberal.