La palabra en la obra artística de Patricio Manns

Columna literaria de Benjamín Isidro Guzmán Toledo, Doctor en Teoría Literaria y Postdoctorado en Ciencias Humanas

Benjamín Guzmán
Benjamín Guzmán

Patricio Manns, en mi modesta percepción es la figura cultural viva más trascendente del país, con su trabajo artístico de más de 50 años, constituye una conjunción insobornable (y autodidacta) entre ética y estética, contribuyendo de este modo a nutrir nuestro imaginario con una cosecha estelar de canciones, novelas, ensayos, poemas y obras dramáticas de excepción, a la altura de otros creadores tan universales como Pablo Neruda, Violeta Parra o Víctor Jara.

En este contexto, textos de obras emblemáticas suyas como las canciones “Cuando me acuerdo de mi país”, “Arriba en la cordillera”, “Valdivia en la niebla”, “Concierto de Trez Vella”, “Palimpsesto”, novelas como las del ciclo de las actas (BíoBío /Marusia/ Muerteputa), “El corazón a contraluz” (1996), “El desorden en un cuerno de niebla” (1999), ensayos como el recientemente reeditado “Violeta Para, la guitarra indócil (1976/2017), poemas como “Memorial de Bonampak” (1995), u obras dramáticas como “Los papeles de Melchor Santuario” (2003) son apenas hitos demarcatorios, trazos, huellas, marcas, de esa voluntad perenne por escudriñar sin concesiones los palimpsestos de nuestra historia oficial y constatar como una cartografía del cuerpo y territorial su producto concreto, original y genuinamente “mannsiano”: la contramemoria saboteadora del olvido como práctica discursiva liberadora, terapéutica, donde la palabra expresa de una forma pura el extraordinario poder emancipador de la literatura.

En sus textos la palabra es una herida y una esperanza abierta al corazón de los hombres. La musicalidad contenida es a la vez cantiga y promesa de futuro, amor y dolor que se convierten en cauces de un nombre amado, anhelado, recuerdo, ausencia o pérdida definitiva.

Tal como lo señala en colosal síntesis su canción “Las Palabras”, de su más reciente trabajo discográfico “La emoción de vivir” (2016), se trata de la búsqueda incansable del amor, la más extrema sed antropológica según Julio Cortázar:

“Varias palabras salieron de tu boca

Chocaron en el cielo

Golpearon contra el sol

y volvieron mojadas a la tierra

a clavarse temblando

contra mi corazón

Qué noche aquella

en que sólidas palabras

perforaron el pecho de nuestra realidad

y rompieron los cauces de aquel río

donde una vez mojamos

el sol de la amistad”