Padre Felipe Berríos pide una «salida política» a detenidos durante el estallido social

"Yo, en su lugar, también habría protestado”, indicó el sacerdote jesuita a pocos días que se cumpla un año desde el inicio del estallido social.

Faltando pocos días para que se cumpla un año del estallido social que comenzó el 18 de octubre del año pasado, el Padre Felipe Berríos se refirió a esta situación y en particular a la desigualdad del trato entre quienes han cometido delitos de cuello y corbata y quienes están detenidos a raíz de los hechos ocurridos durante las manifestaciones.

El jesuita, en conversación con El Mercurio de Antofagasta, planteó la pregunta: “¿Por qué la justicia es tan blanda con algunos empresarios y tan dura con estos chiquillos?”, agregando con esto la necesidad de una salida política pues «este conflicto no sólo es delictivo».

Actualmente son más de 30 los jóvenes antofagastinos detenidos por delitos asociados a los hechos que comenzaron en octubre del año pasado. “Son chiquillos que la sociedad tiró para el lado. Ellos están al margen, quieren cambiar esta sociedad que los discrimina a ellos y ha marginado a sus padres, que trabajan y tienen salarios que no les alcanzan para vivir, que se les enferma la abuelita y deben esperar un año para una operación. Yo, en su lugar, también habría protestado”.

Estallido social

Respecto al fenómeno en sí, Berríos asegura que «lo que se inició el 18 fue un estallido y los estallidos uno sabe cómo comienzan, pero no se sabe cómo terminan. La violencia es irracional, pero el estallido tenía algo de ético, la gente que salió a las calles algo tenía que decir (…) Y muchos de quienes estuvieron en la parte violenta, son muchachos a los que el sistema dejó fuera y que no tenían nada que perder porque no tenían futuro, presente, no nos preocupamos de ellos».

Berríos también hizo la comparación entre el tratamiento que da la justicia a este tipo de hechos versus aquellos que involucran a empresarios. «Esto se da justo cuando vemos que una empresa hizo algo más tremendo que romper luminarias o vitrinas: corrompió el sistema político en Chile y el propietario no ha tenido ni un día de cárcel y además se hizo millonario y se le aplicaron multas que son rebajadas, mientras los otros jóvenes llevan casi un año presos. Y son chiquillos. La sociedad debe aprovechar esa rebeldía y ver cómo se les ayuda a enfocarlos, pero lo que no puede pasar es que ellos “paguen el pato”. ¿Por qué la justicia es tan blanda con algunos empresarios y tan dura con estos chiquillos? ¿Será porque son pobres?», reflexionó.