Voto apruebo y Convención Constitucional

Columna del abogado Jaime Araya.

Jaime Araya

Chile tiene la oportunidad de escribir un nuevo pacto social, fijar nuevas reglas para el futuro, rediseñando los limites y los marcos institucionales, para que nazca un país nuevo y mejor, uno que se parezca mucho más a los sueños colectivos que a las miserables ideas de unos pocos, un país diferente y mejor, donde sea el interés de todos el que prevalezca sobre las conveniencias de las empresas y de los afanes de las minorías privilegiadas, un nuevo acuerdo social pensado para el futuro que podemos construir, más allá de los limites que nos heredó el pasado, que con aciertos y errores, permitió que se desatarán las fuerzas necesarias para impulsar un cambio de esta envergadura.

Se abre una maravillosa oportunidad de no moverse por miedos, sino por motivaciones más nobles y trascendentales. Hace muchos años me preguntaba porque los seres humanos se agrupan y viven en sociedades, y mi propia respuesta es que en general ese acuerdo se articulaba en base al miedo, al principio era el miedo a ser devorado por las bestias, luego fue el temor a los invasores, después el miedo a los bárbaros, el miedo era el común denominador que permitió el surgimiento de las sociedades modernas, pero en ese escenario de miedos, el más fuerte tenía una posición predominante frente a los más débiles. Así está escrita la historia de la humanidad.

Y es por esta sencilla razón que resulta de sentido común votar apruebo, es una conclusión tan elemental que ni siquiera demanda una reflexión muy profunda, pues tenemos una carta fundamental que nada tiene que ver con el país actual y francamente es un obstáculo para tener un mejor futuro.

Y aunque la oportunidad de cambiarlo todo nació del miedo del Presidente y de “la política” frente al creciente “que se vayan todos” e incluso la evidente posibilidad de un millón de chilenos y chilenas, caminando hacia La Moneda decididos a expulsar a quien encarna el abuso, la torpeza y el hastío, ese miedo no estaba en la sociedad, quizás en un pequeño grupo de privilegiados que se sienten amenazados por las demandas de mayor equidad y justicia, cuestiones mínimas que hasta la propia OCDE las ha recomendado tantas veces, con una gran dosis de sentido común, y por cierto alejadísimas de los maximalismos de la izquierda chavista y trasnochada, sino que ancladas a lo que es simplemente una exigencia elemental de cualquier sociedad que se autodenomine moderna, terminar con los abusos.

Frente a una oportunidad tan trascendental resulta muy relevante el como hacer este cambio, y otra vez resulta obvio que debe nacer desde el seno mismo de la sociedad que agitó las energías y las condujo hasta los limites posibles. Por lo mismo resulta tan sencillo explicar que la única vía posible es la Convención Constitucional, en primer lugar porque es paritaria, y resulta tan elemental entender que las reglas del nuevo Chile debe ser escritas por mujeres y hombres en igualdad de condiciones, no es posible imaginar otra forma de hacerlo.

En segundo lugar, porque fue la sociedad la que decidió hacer el cambio constitucional, por lo que no puede ser el parlamento que tantas veces se ha negado a este cambio el que pretenda apropiarse de este hito refundacional. Es tan obvio, que se necesita tener la posibilidad de elegir al 100% de los integrantes del órgano que escribirá la nueva carta fundamental.

Se suma a lo anterior, que ese espacio, se lo debemos a tantos compatriotas que han sufrido tanto a partir del 18 de Octubre, hay compatriotas que perdieron la vida, hay quienes perdieron la vista, hay tantas y tantos que han entregado muchísimo para lograr un sueño que se sentía imposible antes de que el primer estudiante saltara uno de los torniquetes del metro.

Esta vez no hay que tener miedo, Chile se merece una oportunidad de verdad, y en cada una, en cada uno, está la posibilidad de abrir la puerta a un futuro mejor, de una manera sencilla, sin gran heroísmo, sin mucho glamour, sino más bien en un acto simple pero lleno de significado, con un lápiz azul, silenciosamente decir apruebo una nueva constitución y una convención constitucional para Chile.