Las anécdotas desconocidas sobre los primeros años de la comuna de Antofagasta

La elaboración del pan con agua de mar, la preocupación por los perros abandonados en 1874 y una semana en que la ciudad tuvo dos alcaldes. Todos estos hechos quedaron registrados en las actas municipales, documentos que son digitalizados y están disponibles en la web gracias a un proyecto de conservación.

Calle Matta vista desde la calle Prat. Año 1925. Foto: Antofagasta, una historia en imágenes
Calle Matta vista desde la calle Prat. Año 1925. Foto: Antofagasta, una historia en imágenes

Por Jonathan Mondaca E.

En 1875, para la producción de pan en Antofagasta se utilizaba agua de mar, ya que el agua dulce era escasa y muy costosa, por eso a nadie le sorprendía ver la extracción de este recurso en la costa. Sin embargo en octubre de ese año, el comisario municipal que caminaba por el sector del ahora Hotel Antofagasta, advirtió que dos panaderos sacaban agua de una poza muy sucia. El caso fue presentado a la Junta Municipal, equivalente al actual Concejo Municipal, que luego tuvo que dictar cuáles eran las zonas más aptas para el sano desarrollo de esta actividad.

Este hecho que hoy se considera sorprendente, era solo una parte de la vida cotidiana de los primeros años de la comuna de Antofagasta, época en que las normas se dictaban según aparecían diferentes situaciones. Por ejemplo, en 1874 llegó a la Junta Municipal una solicitud para fundar una escuela nocturna gratuita para los obreros, y en ese tiempo ya existía preocupación por el amplio número de perros abandonados.

Detalles como estos podemos conocerlos gracias a los registros que guardan las actas municipales, que permanecen en la Casa de la Cultura. Estos tomos relatan desde la solicitud de un médico inglés, para evitar la pavimentación de calles con guano de caballos por ser una práctica insalubre, hasta una semana en que dos personas se dieron por ganadoras de las elecciones de alcaldes, nombrando cada uno a sus propios directores.

Toda la documentación, más de cinco mil libros que miden unos 50 centímetros de largo por 40 de ancho, con 500 páginas escritas a mano, contiene la historia administrativa de Antofagasta desde el año 1874, explicó el periodista Jorge Olmos. El profesional es parte de un proyecto que propuso el fallecido historiador Floreal Recabarren, quien advirtió la necesidad de conservar esta información.

Con el apoyo de la Corporación Cultural de Antofagasta, se conformó el grupo que se adjudicó un proyecto FNDR en el 2013, tarea que consiste en catalogar y digitalizar todas las actas, y ponerlas a disposición del público en el sitio web www.archivohistoricoantofagasta.cl. Desde entonces, el periodista ha leído y sintetizado todos los tomos desde el año 1874 hasta el 1922, trabajo que es lento y continuará hasta llegar a los libros de 1999.

Olmos detalló que el municipio se crea en 1872, cuando 150 vecinos se organizaron principalmente por problemas de delincuencia en la comuna. El primer alcalde fue Matías Rojas y el primer libro de actas corresponde al año 1873, pero actualmente se encuentra perdido. Por ello, la historia administrativa que es posible revisar parte en 1874.

Pan fabricado con agua de mar

Olmos recordó que durante los primeros años de Antofagasta, la comuna era mucho más pequeña, el transporte se reducía a carruajes y caballos, por lo que gran parte del tiempo el alcalde y los regidores (concejales) recorrían la ciudad caminando, percatándose de hechos que luego exponían a la Junta Municipal.

En 1875, para fabricar pan se necesitaba agua a la que se le aplicaba sal, y como éste era un producto escaso y costoso, los panaderos extraían agua del mar. Aquello era una costumbre normalizada en la época, pero un día, el comisario municipal caminaba por el sector donde hoy se ubica el Hotel Antofagasta, y se percató que dos panaderos realizaban esta actividad. La práctica era conocida por lo que no representaba mayor problema, sin embargo, lo que sí indignó al funcionario, fue que la poza en la que extraían el agua estaba muy sucia. Esta denuncia la llevó a la Junta Municipal, y a raíz de este caso, se dictó un decreto en el que se detallaba cuáles eran las pozas más limpias desde las que podían abastecerse de agua para producir pan.

Pavimentación con guano de caballo

Olmos manifestó que varios de los primeros médicos que estuvieron en Antofagasta fueron ingleses, ya que trabajaban para la administración del ferrocarril, pero también por una cuestión de responsabilidad profesional, prestaban servicio a la comuna. Uno de ellos, el doctor Walker Neill. En 1875 envió una carta a la municipalidad sugiriendo que evitaran la pavimentación de calles con guano de caballos, porque aquello era una práctica insalubre. En la época, según lo que se desprende de los archivos municipales, tomaban los desechos de estos animales y los compactaban para aplicarlos en las nacientes calles. La otra forma era mojar las vías y compactar la tierra.

El pavimento como lo conocemos ahora, llega en los años de la administración del alcalde Maximiliano Poblete (1912-1930). Conocido como el “alcalde modelo”, de forma visionaria pidió un préstamo de 200 mil libras esterlinas a Inglaterra, una cantidad exorbitante para ese periodo. Para que el trámite fuera aceptado se requería de un aval, que finalmente fue el Estado de Chile, pero para que esto se concretara, se requirió de una sesión especial en el Congreso que autorizara el respaldo al municipio antofagastino. Con esos recursos se desarrollaron obras para el alcantarillado moderno y el agua potable, alumbrado público, instalación de líneas telefónicas en las principales oficinas municipales, en el hospital y en la policía. También se modernizó el puerto, que sufría cada vez que ocurrían marejadas y que ya arrastraba problemas por el maremoto de 1877.

“Con las 200 mil libras esterlinas, Maximiliano Poblete moderniza toda la ciudad, y mediante cobro de gravámenes e impuestos, recupera el dinero para pagar el préstamo”, relató el profesional.

Castigos denigrantes y latigazos a alumnos

En la sesión de la Junta Municipal de junio de 1877, junto con la necesidad de construir un malecón, se habló sobre una denuncia en la Escuela de Varones. Un regidor que caminaba cerca del establecimiento, escuchó llantos que salían desde una de las salas y en su calidad de municipal, consiguió ingresar a la escuela. En el lugar observó que un profesor tenía a sus alumnos castigados en las esquinas de la sala. Y sobre la cabeza de los niños, había colocado conos que tenían escritas palabras tan soeces y peyorativas, que luego el regidor no se atrevió a pronunciarlas ante la Junta Municipal. Además, el denunció que el mismo profesor le estaba dando latigazos a otro alumno. Ante la gravedad de los hechos expuestos, la junta decidió que no trataría los temas programados y discutieron la necesidad de generar un manual de procedimientos, para evitar que la disciplina en las escuelas involucrara situaciones tan violentas.

Dos alcaldes, dos actas

Una de las anécdotas más sorprendentes sucedió en enero de 1875. Jorge Olmos dijo que en la revisión aparecieron dos registros de actas con la misma fecha. Primero pensó que se trataba de un error, sin embargo había una explicación y era política, le aclaró Floreal Recabarren. En ese momento hubo elecciones en la comuna y estuvieron tan parejas, que cada candidato se dio por ganador, por lo que ambos nombraron directores para las reparticiones del municipio, escribiendo sus registros en el mismo libro de actas. “Las elecciones fueron el 6 diciembre del 1874, y fueron tan complicadas que hubo combos y patadas y rompieron el mobiliario de la Escuela Municipal N°2. El director del establecimiento mandó una carta pidiendo la compra de libros y de ventanas por los daños que tuvo el establecimiento. Tras lo sucedido, se llamó a una nueva elección y pensando en un lugar que todos respetaran, eligieron la Iglesia de Antofagasta. Pero nuevamente el proceso terminó en peleas y con bancas rotas, por lo que esta vez el cura escribió una carta reclamando por los destrozos. Cerca de una semana tuvimos a dos personas diciendo que eran alcaldes en 1875 (el ganador fue Matías Rojas)”, manifestó el profesional a cargo de la síntesis de las actas.

Malas palabras en la Recova

Antes que existiera el Mercado Municipal, Antofagasta contaba con una recova, en la que trabajaban hombres en la descarga de productos. En 1875, el regidor Antonino Toro, explicó que muy cerca de este lugar había una escuela y casas particulares, quienes escuchaban el diariamente vocabulario vulgar con el que desarrollaban su tarea los trabajadores. Para ello presentó un proyecto de reglamento para que no se dijeran obscenidades en la recova. Incluso destinaron un policía para que aplicara multas a quienes decían estas malas palabras. Pero la idea finalmente no prosperó, ya que el número de cargadores era muy superior al único policía destinado a la fiscalización.

En las actas digitalizadas aparecen incontables hechos, como el reclamo del doctor Neill sobre curanderos que seguían ejerciendo la medicina, la solicitud del médico Nicanor Hernández de una vacuna contra “una reinante plaga de viruela” o que en 1894, bajo la administración de Hermógenes Alfaro, se ordenó un estudio para evaluar la calidad del agua potable consumida en la región, el que concluyó en esa época, que era peligrosa para cualquier actividad humana.

“Invito a la comunidad a leer los archivos, al principio cuesta comprender la caligrafía, pero uno luego se acostumbra. Para evitar la búsqueda hoja por hoja, hay un catálogo, en el se detalla la fecha del acta, la página y el libro en el que se encuentra”, dijo el periodista Jorge Olmos.