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sábado, abril 17, 2021

Elecciones, fraccionamiento y ciudadanos

"Si no se asiste a una participación masiva del electorado de derecha en las elecciones, estos se arriesgan claramente a una paliza", Cristian Zamorano, Doctor en Ciencias Políticas.

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El pasado domingo 7 de marzo, los bolivianos acudieron a las urnas para elegir autoridades departamentales, regionales y municipales. Ese mismo día se dio a conocer los resultados a boca de urna. Si nos fiamos a algunos análisis ya entregados, varios analistas indican que en un contexto de crisis agudizado por la pandemia, este entorno tan (dramáticamente) especial fue central para que la gente opte por un cambio en la conducción política de los gobiernos “subnacionales”, esencialmente en lo que concierne los municipios. Fue casi imposible para las candidaturas y proyectos políticos locales gobernantes reproducir el poder. Los ciudadanos querían cambio. No deseaban para nada que sigan los que estaban saliendo de los cargos. “Que se vayan los salientes” hubiese podido ser su leitmotiv.

Paralela y sorpresivamente a este fenómeno, el “Movimiento al Socialismo”, junto con el “Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos” (MAS-IPSP), se perfila hoy para ganar seis gobernaciones (ya existe allá la figura de Gobernador) y disputarse otras dos en una segunda vuelta. Es decir, el Oficialismo y único proyecto político nacional en Bolivia, puede llegar a ganar 8 de 9 gobernaciones. Esto deja claro que, en el caso del país andino, la Oposición está lejos de consolidar un proyecto nacional, no tiene aún una expresión partidaria articulada y se apoya esencialmente sobre liderazgos locales.

Acá, la dinámica, bien que se trate igualmente de gobiernos subnacionales, no es paradójicamente la misma que lo mencionado con los municipios ¿Estos datos pueden servirnos para prever algo a propósito de las futuras elecciones municipales y de gobernador regional que se avecinan los próximos 10 y 11 de abril en nuestra ciudad y region?

Hacer analogías absolutas en política nunca es muy recomendado pero hay ciertos elementos en las dinámicas subrayadas que pueden tener un cierto eco a nivel local. La voluntad de cambio en la dirección de los asuntos públicos, y por ende municipales, pueden también estar presente en nuestra ciudad, recordando que la tasa que obtuvo el apruebo en el plebiscito en Antofagasta fue superior al promedio nacional.

Así, algo de lo que se manifesto en las urnas ese día puede transformarse en un voto significativo hacia los llamados independientes (bien que la utilización de esa apelación para cada uno de los candidatos declarados es sujeto a debate en la ciudad).

Lo llamativo en el caso de Antofagasta, en primer lugar, consiste en el hecho que hay más candidatos “independientes” (4 sobre siete) que candidatos que emanan de coaliciones “tradicionales” (Wilson Diaz para la centro izquierda y Roberto Soto para la derecha) o de partido politico clásico (Pablo Iriarte para el PC). Esa característica, propia a Antofagasta, podría mitigar el efecto y voluntad de cambio ya que el voto “anti-establishment” arriesga fraccionarse entre diferentes opciones de aparente mismo índole.

La segunda característica, también muy propia a la ciudad, es que si uno mira los tres últimos alcaldes electos, cada uno de estos se declaraba “independiente”, que sea Daniel Adaro, Marcela Hernando o Karen Rojo. La ultima vez que un “candidato de partido” ha ganado en Antofagasta fue en 1992, con Pedro Araya Ortiz, insigne personaje local de la Democracia Cristiana.

Podríamos interrogarnos si, al igual que en Bolivia, ¿Los partidos políticos y más precisamente el oficialismo, tendrían más chance en la carrera que los lleva al sillón de gobernador? Hay datos duros que permitirían afirmar aquello.

En primer lugar, no hay candidatos independiente en lo que concierne esa elección. Todos pertenecen a un partido político. Por otro lado, de los 5 candidatos, tenemos a cuatro perteneciente al espectro de la centro izquierda/ izquierda (Ricardo Diaz, Claudio Lagos, Paula Orellana, Lester Calderón), y a uno solo para todo el espectro de la derecha (Marco Antonio Diaz). Si segunda vuelta hay en esta elección (si el que llega primero no alcanza a los 40%), sin duda alguna estará presente en esa instancia el candidato de la derecha, siempre y cuando se procede a un voto disciplinado en ese sector.

En realidad, pasa lo mismo en el caso de las municipales, donde Chile Vamos y la derecha oficial va con un solo candidato, Roberto Soto, este haciendo calzar últimamente su discurso con lo que quiere escuchar su sector, proponiendo diferentes medidas en el tema de seguridad como propuesta de “programa mixto” entre Carabineros y municipio.

La característica de la situación de ese sector político en Antofagasta, es que si no se asiste a una participación masiva del electorado de derecha en las elecciones, estos se arriesgan claramente a una paliza ya que la imagen de sus, hasta hace muy poco, “iconos” politicos, no serviría esta vez de locomotora para atraer votos. Después de tres años de Piñerismo, el oficialismo en la región en términos de imagen está muy golpeado, y eso a pesar de una campaña de vacunación a todas luces existosa.

Razonablemente, podemos pensar que el electorado que no vota “ideologizado” no votará en esta oportunidad por la derecha;  solamente los que ya votan por ese sector, y ningún otro repetirán su voto de aquí a tres semanas. Si esa gente no se desplaza el fin de semana del 10 de abril, el despertar el 12 puede ser muy caótico y sulfuroso para ese sector. Las urnas los puede dejar knock-out.

La época que estamos viviendo, la de las redes sociales, de Facebook e Instagram, produce como efecto que los candidatos pongan muchas énfasis en sus trayectorias personales, haciendo de estas su recorrido politico, lo que desafortunadamente no es realmente el caso. Una trayectoria de vida no es una trayectoria política, tiene que ver más bien con lo personal que con la manera de gobernar la “polis”, el conjunto, la esencia misma de lo que constituye la política. De los tres últimos alcaldes, recordemos que dos, Daniel Adaro y Karen Rojo, dejaron el cargo por acusaciones en relación con la gestión administrativa del municipio y la Corporación. Marcela Hernando, en cuanto a ella, después de un solo mandato perdió rotundamente contra una “aparecida” política porque también su administración causaba un cierto rechazo. Es decir, su gestión de la polis.

Quizás ahí está lo medular de lo que debería tomarse en consideración para saber quienes deben gobernar a nivel municipal y regional para los cuatro años que vienen. El programa de cada uno y quién tiene más claridad en cómo llevarlo a cabo desde un punto de vista formal, identificar quién sabe mejor como “técnicamente” transformar todo lo bueno que se está prometiendo para la ciudad.

Es importante que los ciudadanos indecisos, y no deben ser pocos, sigan los debates entre los candidatos que van a tener lugar a lo largo de estas próximas tres semanas. Serán de las pocas oportunidades para hacerse una opinión en torno a los competidores en presencia.

Por suerte, este medio, al igual que TVN este martes a las 23 horas y luego Antofagasta TV las próximas semanas, organizaran respectivamente algunos. No es menor interesarse a quienes pueden estar a cargo de la ciudad y la región por los cuatros años que vienen, cuatros años que no podrían no ser cruciales considerando la actualidad que estamos viviendo. Y tampoco es menos reconfortante saber que el destino de todo esto, depende finalmente solo del voto ciudadano.

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