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sábado, mayo 8, 2021

17 jardines infantiles y salas cuna cerraron en Antofagasta desde el inicio de la pandemia

Directivos tuvieron que formar un gremio particular en el 2020 debido al impacto por el cierre de los establecimientos. Recurrieron a créditos y el programa de protección de empleo para evitar desvinculaciones en una actividad compuesta en su mayoría por mujeres.

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Jonathan Mondaca
Jonathan Mondacahttp://www.timeline.cl
Periodista y Licenciado en Comunicaciones, Universidad Católica del Norte (UCN)

Entre suspensiones temporales y quiebras definitivas, 17 jardines infantiles y salas cuna cerraron sus puertas en Antofagasta durante los últimos 12 meses. Las cuarentenas y las restricciones para enfrentar la pandemia golpearon con fuerza a estos establecimientos, por ello, el año pasado se organizaron y crearon un gremio en un sector que está compuesto en su mayoría por mujeres que son jefas de hogar.

María Paulina Martínez, directora de la Asociación Gremial de Jardines Infantiles y Salas Cuna Particulares, explicó que hace un año la crisis sanitaria los obligó a unirse, ya que antes solo funcionaban de manera individual. Relató que en abril del 2020 vieron cómo la matrícula comenzaba a descender hasta que la cuarentena terminó con toda la actividad y de ahí, todo fue incertidumbre. “Cerramos las puertas por orden del ministerio y empezamos a sufrir la inestabilidad, porque nadie nos reconoce como un centro educativo. Tuvimos retiros masivos, los jardines se mantienen con las mensualidades, en junio estábamos al borde del colapso y ahí comenzaron a desaparecer”, dijo.

La asociación estaba integrada por 44 establecimientos y de ellos, 17 cerraron por quiebra o de forma temporal, aunque esta cifra puede ser incluso mayor si se consideran quienes no están en el gremio. En estos lugares trabajan auxiliares de aseo, manipuladoras de alimento, asistentes y educadoras de párvulos, estas últimas, fueron las más perjudicadas ya que no tienen otra actividad en la que puedan desempeñarse. Otro aspecto es que la mayoría de ellas son jefas de hogar o aportan ingresos importantes, y por eso, indicó Martínez, los sostenedores han realizado todo tipo de gestiones para evitar desvincularlas.

Una situación crítica estuvo en las salas cuna, cuando se retiraron los convenios y los apoderados terminaron el vínculo, ya que por las edades es imposible sustituir la asistencia por la modalidad virtual. Tras organizarse buscaron apoyo para subsistir y entregaron cajas de alimento para las funcionarias, gestionaron las ayudas estatales con los créditos Fogape y asistencia de Sercotec, ya que en cada establecimiento trabajan entre ocho y 30 personas, en el caso de los con mayor capacidad.

“Todo lo que se ha perdido para los niños es irreparable. Por eso algunos se adaptaron con modalidades virtuales, tratando de suplir el aspecto pedagógico, pero el desarrollo social que experimentan los niños dentro del jardín no se puede recuperar de ninguna manera”, advirtió la directora del gremio.

Y añadió que en Fase 2 pueden abrir los establecimientos, siempre que cumplan con las exigencias sanitarias, pero la asistencia es voluntaria. La esperanza del gremio es que el segundo semestre, con la ayuda de la vacunación, el escenario sea mucho más seguro para las funcionarias y los apoderados. “En algún momento esto bajará y los padres buscarán jardines y nos encontraremos con la sorpresa que hay menos oferta y quizás tengamos dificultades con las matrículas, es algo que podría ocurrir, además, tal vez habrá otros cierres porque la situación no es sostenible”, aseguró.

Incertidumbre

Stephanie Nielsen, de la sala cuna Rayito de Sol, ubicada en calle 14 de Febrero, expuso que al estar ubicados en pleno centro de Antofagasta, en el 2019 fueron afectados por el estallido social, a lo que luego sumaron los efectos de la pandemia. “Tenemos autorización normativa, trabajamos mucho con empresas y de un día para otro sacaron todo. Las apoderadas me comentaban que les ofrecieron bonos por retirar a los niños y en algunos casos no se los pagaban”, explicó.

En el 2020 cerraron en marzo y recién lograron abrir en diciembre, cumpliendo con todos los protocolos sanitarios, pero semanas después tuvieron que cesar por una nueva cuarentena. El 22 de febrero abrieron con siete lactantes. En marzo de este año incorporaron los testeos semanales para las 18 personas que componen el personal, pero el regreso a la Fase 1 detuvo todo el trabajo. Para evitar desvinculaciones, las funcionarias están en la protección de empleo, hablaron con el propietario del inmueble para que bajara el arriendo y los créditos del gobierno. Tema aparte son las personas jubiladas que trabajan en estos establecimientos, quienes no entran en los programas de protección de empleo.

“Todo se ve complejo, me han contactado apoderados que estaban en establecimientos que cerraron de forma permanente. Como el año está siendo tan incierto, otros jardines dieron aviso que cerrarían por un año y los niños tienen que reacomodarse. Hay una deserción prescolar que se incrementa y tal vez a fin de año será mayor”, apuntó Nielsen.

En el caso de las salas cuna, dijo, la estimulación es un factor importante y debe ser a través del tacto, de algo que puedan experimentar y desde ese punto de vista, las clases remotas son una dificultad y, más si se considera que los menores son sometidos al trabajo con pantallas.

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