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sábado, mayo 8, 2021

De programas, candidatos y vacuidad política

"El proyecto independiente político KR es únicamente la persona Karen Rojo, nace y muere ahí, difícilmente es transmisible a otra persona", Cristian Zamorano, Doctor en Ciencias Políticas

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Es difícil hablar de un mismo tema sin repetir lo que ya se ha sido dicho, pero ya que entramos en un periodo de receso de 15 días en cuanto a campañas electorales, quizás corresponda establecer una primera conclusión que es claramente una evidencia que no podemos refutar: esta campaña, a lo menos municipal, no ha sido la campaña de los programas de gobierno. En ningún momento esta ha estado focalizada en la confrontación de ideas, propuestas, posibles medidas para Antofagasta. Nunca supimos, en esta etapa que se cerró, qué diferencia de sellos existían entre los candidatos, cuáles son las aproximaciones respectivas en cuanto a la gobernanza que proyectan aplicar, y que las distinguirían las unas de las otras. Y no es un “detalle” menor, porque si uno de ellos es electo alcalde o gobernador, en teoría, esta o este debería gobernar.

Pero, también, como dice el dicho popular, no siempre es culpa del chancho y podemos seriamente interrogarnos si la opinión pública local está realmente o no interesada por escuchar propuestas y ejes directivos de programas. A esta altura lógicamente, porque en realidad las elecciones ya tendrían que haber ocurrido, deberíamos conocer las características distintivas, es decir dos o tres puntos de programa, de cada uno de los candidatos e identificar cada uno de ellos en base a esas propuestas. “Este es el candidato de la seguridad”; “este otro, es el de lo social”, “este es el especialista del tema de la contaminación”, etc. Con suerte podemos decir las características personales y colores políticos supuestos de los competidores en presencia, por ejemplo que” este es el candidato de la municipalidad y que representa a la ex Concertación”, “este otro es el candidato dicho de terreno, de la UDI, de las juntas vecinales y ollas comunes”; “este es el de las llamadas redes sociales y  de las interpelaciones vehementes en el Consejo Municipal”; “este es el de un programa de televisión y mediáticos operativos sociales”, “esta candidata es la de ciertas redes de referentes antofagastinos y la del bus amarillo; “este es el candidato joven de vestimenta azul y que tiene una fundación que trabaja el tema de la seguridad”; este último es “el arquitecto, candidato del Partido Comunista”. Y justamente acá, en los dos últimos ejemplos, hay algo que es muy llamativo y simbólico.

De todos los mencionados, los dos que basaron sus campañas respectivas en la presentaciones y explicaciones de sus programas, en lo que debía ser la última línea recta, fueron el candidato independiente, que según la mayoría de las encuestas llegaría como tercero de los independientes hasta el mes pasado, y el del Partido Comunista. Cada una de estas figuras está, de algún modo, en la  antípoda el uno del otro.

En efecto, no hay partido político que tenga una estructura orgánica tan eficiente, es decir que funciona aplicando disciplina y estrategias coordinadas, como la del PC, refiriéndome acá no a su éxito electoral sino que simplemente al funcionamiento de su maquinaria. Del otro lado, tenemos a un independiente, es decir por definición alguien que no responde a orgánica de partido. La voluntad de cada uno de llevar el tema de la campaña y de los seguidores de aquella al igual que sus competidores, al terreno de lo programático no ha resultado en este primer intento. Y básicamente por una razón muy simple. No son ellos que van liderando las encuestas y las sensaciones que están últimas procuran y que permiten a los que las lideran de llevar la agenda y colocar los temas o también no colocarlos y simplemente seguir comunicando sobre el hecho de liderar.

Estar en esa posición hegemónica a pocas semanas del cierre de una campaña, desde  un punto de vista mediático, permite plantear los tópicos de discusión o impedir grandemente, a lo menos, a los otros de imponer temas y ritmo. Durante esta campaña, tuvimos la chance de ver la escena surrealista de un candidato, en una entrevista en la web, afirmar que no va exponer ni presentar su programa por temor a que le roben las ideas los otros competidores. Lo más sorpresivo era leer a sus partidarios, en los comentarios, incentivarlo a seguir con tal actitud y guardar hasta los más tarde posible sus diferentes ideas y medidas técnicas solo para él, para luego aplicarlas una vez electo. Debe ser una de las características de lo que algunos llaman la “post post-modernidad” o una extensión del concepto del “amigo secreto” a nivel de campaña política y de presentación de un programa de gobierno local.

Ahora si el que actuará de ese modo, junto con sus seguidores, estarían en el subsuelo de los pronósticos, esto no daría para análisis, pero acá lo llamativo es que el que actúa así está liderando las encuestas.

Definitivamente Antofagasta es un caso a parte, porque no es la primera vez que un discurso rupturista, que puede ser absolutamente vacío políticamente hablando, tiene éxito; como si los habitantes locales vivieran una situación de vida que está permanente muy cerca del estado de exasperación, o a lo menos de saturación, porque pareciera que necesitan escuchar que alguien les diga ruidosamente que los va a considerar y que esto va a cambiar. Hace un poco menos de 10 años, surgió una Seremi de salud “fiscalizadora del pueblo”, supuestamente despedida de su servicio por sus propios pares aliados de los poderes fácticos, forzosa y indebidamente amarrada a un partido político , RN en la especie, para luego arrasar como independiente en la primera elección popular a la cual participaba. Y, progresivamente, pasará de ser una “Robin Hood” versión femenina a ser el personaje de “KR”.

Sus dos mandatos consecutivos no dejaron muchas huellas políticas, ni tampoco estructura, ni orgánica en torno a su figura. Una vez que renunció a su cargo a final del año pasado, todo el universo político que la rodeaba se derrumbó muy rápido para tener hoy, poco meses después de su salida, nada de influencia en la municipalidad como en la CMDS. El proyecto independiente político KR es únicamente la persona Karen Rojo, nace y muere ahí, difícilmente es transmisible a otra persona y sobreviviría a “KR”. Permitiéndome una analogía con el derecho, diría que es un proyecto político “intuitu personae”, es decir a la medida de la persona e inextricable a ella. No hay línea ideológica clara, no hay una columna vertebral de ideas que permitiría hablar de un sello, no hay tampoco un delfín o delfina en “caso de”. Hay sobretodo pragmatismo para mantenerse al poder una vez este alcanzado. Desde esa óptica, lo programático no es prioridad. Lo que vale, son los anuncios.

La densidad política no es la mayor virtud de ese modus operandi y esa ausencia de densidad hoy se puede ver en la comunicación de la exalcaldesa en su Instagram. Estamos más cerca de la presentación de un matinal que de la exhibición de un gabinete municipal fantasma dispuesto a remplazar el actual en caso de derrumbe administrativo.

Lo que prueba lo indicado anteriormente es el hecho que, en Antofagasta, una independiente ya le ha ganado hace ya un buen rato a la política institucionalizada y a las diferentes emanaciones de aquello, refiriéndome acá a los personajes de los partidos políticos. Es decir, el declive de estos en Antofagasta viene desde hace ya muchos años y con lo sucedido últimamente en torno al Partido Socialista en la ciudad, difícilmente se va retomar confianza en los partidos. Y también la falta de sello, de sustancia, de presencia ideológica en los programas respectivos,  tampoco ayuda mucho a ver cuál es la identidad y aporte de un partido político más allá de su rol utilitarista para llegar al poder.

Ni su rol de filtro para seleccionar los candidatos hoy funciona, como lo ilustra el hecho aludido con el Partido Socialista. Considerando aquello, no hay que sorprenderse de la aparición de los llamados “populistas” ya que podemos definir el populismo como el diálogo directo entre la masa y un dirigente, haciendo caso omiso de cualquier institucionalidad para gestionar el pedido social. “Ustedes piden y yo, gobernante,  me las arreglo para facilitarles la vida”.

Quizás esto no es tan nuevo en el caso de Antofagasta. Quizás esto ya ha existido con otros alcaldes, inclusive antes que la ex alcaldesa Karen Rojo gane. Quizás no todo es culpa del “Chancho”. Emile Durkheim, eminente sociólogo francés del final del siglo XIX, indicaba que entre el funcionario, es decir un personaje técnico y el profeta, en el sentido de un personaje carismático, el pueblo siempre elegiría al “profeta”.  Algunos siglos antes, Nicolás Maquievelo, cuya obra más famosa es “El Príncipe”, indicaba que esos mismos pueblos siempre tienen los gobernantes que estos se merecen.

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