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viernes, mayo 7, 2021

El mundo que viene

"Algo debe ser pensado de nuevo en lo que concierne a la recaudación, la redistribución y la relación entre altas finanzas y sociedad civil", Cristian Zamorano, Doctor en Ciencias Políticas

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Como siempre es práctico, para hablar de política, de referirse a la economía, quizás no esté mal hacer una pequeña y grosera recapitulación histórica para saber cómo hemos llegado a esta etapa que estamos viviendo en lo que concierne el desarrollo económico mundial, este sistema donde todas los mercados están conectadas entre ellos, esta situación de economía globalizada en el cual domina China.

Para numerosos autores, como Karl Polanyi por ejemplo, la globalización económica no es un nuevo fenómeno, porque ya existía a principios del siglo XX. El profesor Albert Michalet, define tres configuraciones posibles que constituyen las distintas modalidades históricas de existencia de la llamada mundialización.

La primera a la cual se refiere el autor es la configuración inter/nacional, donde dominan los intercambios de bienes y servicios; es decir, es el paradigma clásico de la teoría de los intercambios. Según esta óptica, su primacía se acabó a finales de los años sesenta.

Viene a continuación de esta etapa, la configuración multi/nacional, donde la movilidad de las actividades productivas realizadas por las empresas multinacionales, y sus inversiones directas en el extranjero (IDE), jugaron y juegan un papel determinante. El boom de esa modalidad ocurrió en los 70, justo cuando en Chile ocurrió un golpe de Estado. El dicho popular indica que las coincidencias no existen.

A partir del principio de los años ochenta, surge, en el mundo de la economía, la configuración global, donde la lógica financiera va dominar y desconectarse de la esfera real de la economía. En efecto, la especulación financiera se va implementar como paradigma y los grandes bancos van a multiplicarse, al igual que los bancos de bancos y grupos de inversiones que decuplarán el protagonismo de las bolsas de las plazas fuertes del mapa mundial. Muchos deben tener en mente el periodo paroxísmico descrito en la película “El lobo de Wall Street” que describe aquello justamente.

Esa situación será en gran parte el resultado de la ola neoliberal que tomó el poder en los 80, respectivamente en el Reino Unido y en los Estados Unidos con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y que va a constituir una revolución conservadora antikeynesiana, en referencia acá a las teorías del gran economista inglés, John Maynard Keynes.

En términos simples, la intervención del Estado va a ser el objeto de una fuerte desregulación, el tamaño del sector público va ser reducido drásticamente y las empresas públicas van a ser privatizadas sistemáticamente. ¿Adivine cuál país hará carne también, y de manera más profundizada, estos conceptos a partir de los 80?

El profesor Michalet, quien propone esta tipología, observará que la aplicación de este programa por los países desarrollados va a tener dos consecuencias principales. La primera consiste en el hecho de que las bases del compromiso acordado entre las diferentes empresas multinacionales y los Estados se suprimirán ampliamente con la liberalización de los códigos de inversión y la reducción de los procedimientos burocráticos de autorización. Igualmente, la reducción constante de los aranceles aduaneros va a favorecer la movilidad de las empresas, de ese modo éstas se establecerán donde el poder de atracción será el más fuerte. Aparecerá entonces los conceptos de “deslocalización” de las empresas y dedumping financiero”.

La segunda consecuencia que mencionó el profesor Michalet consiste en el hecho que “el principio que prevalece en la configuración global es el del equilibrio del mercado”, el cual implica que “los organismos públicos no intervengan directamente y dejen operar a los agentes privados”, y esto “se aplica tanto a los mercados financieros como a los mercados de bienes y servicios no financieros”. En base a ese postulado, él indica que “la rentabilidad financiera determinará las elecciones de inversión en todos los ámbitos”. En todos y será el único principio que prevalga. Desde ese enfoque, se podría perfectamente ”entender” la lógica que ha regido, por ejemplo, en la gestión de las AFP, siendo este un caso “exitoso” entre varios otros.

El único problema es qué todo lo planteado anteriormente se relaciona con el mundo que existía antes del fenómeno del COVID, y si este ha tenido graves implicancias sociales es porque, lógicamente, ha tenido fuertes consecuencias económicas, desastrosas para la mayoría del mediano empresariado y para numerosos asalariados, pero quizás no todo ha sido tan “negativo” en el aspecto macro económico. Por lo menos, para los que están arriba de la pirámide.

El periodo que estamos viviendo ha significado ganancias y no perdidas, en la región de Antofagasta, numerosos multinacionales ilustran tal situación. Obligatoriamente, por todo lo que esto involucra, podemos pensar que vamos a asistir, en realidad quizás ya estamos asistiendo a aquello, a un cambio general en el ámbito de los paradigmas económicos. Se podría, en un futuro cercano, definir una cuarta etapa que podríamos agregar a la tipología planteada por el profesor Michalet.

Sin querer inmiscuirse en un terreno donde no tendré la experticia suficiente para poder proponer algo de sostenible, teóricamente hablando, solo podemos observar diferentes puntos apoyándose sobre lo que sucede en Chile, en el llamado laboratorio chileno en el cual los “Chicago boys” pudieron materializar sus ideas. En el siempre buen alumno del Fondo Monetario Internacional y único país de la zona a hacer parte de la OCDE. Hoy, se estaría derrumbando ese botón de muestra del modelo neoliberal. El año pasado, siendo citado en un articulo por el reputado diario liberal inglés “The Economist”, el connotado economista chileno Sebastián Edwards lo afirmó.

Pero observemos dos cosas. En primer lugar, la automatización anunciada estos últimos años debería acelerar su implementación, sobretodo supongo en la empresa minera, considerando las características, del punto de vista de los contactos, del período que estamos viviendo y del cual aún no salimos. Nadie sabe cómo será lo que viene después. Por otro lado, el teletrabajo ya no se irá y se reforzará, y eso arroja una nueva metodología de trabajo global que debe ser mucho mejor regulada ya que sin duda alguna será profundizada. Esta es la “nueva” masa laboral que ha creado la revolución numérica, como la revolución industrial creo el “proletariado”.

En segundo lugar, y eso es específico a Chile, el precio del cobre está muy alto y aparentemente no bajará. Por otro lado, según Forbes, las principales fortunas del país vieron sus patrimonios incrementar de manera significativa en este ultimo año. El clima económico no está, a todas luces, tan negativo, o por lo menos no para todos. Obligatoriamente, algo debe ser pensado de nuevo en lo que concierne a la recaudación, la redistribución y la relación entre altas finanzas y sociedad civil. Porque algo claramente no está funcionando en el presente, cuando hay señales claras que nos indican qué efectivamente hay futuro. Es imprescindible que en la redacción de la nueva constitución, la fase crucial que estamos viviendo de un punto de vista económico deba ser integrada como una variante, una variable central. Debe haber una reflexión profunda sobre aquella y todos los cambios que esta implica.

Para el economista Jacques Adda, la mundialización se inscribe en una tendencia suprema, más larga, una tendencia que es la base de un razonamiento absolutamente acertado desde mi punto de vista, y según el cual existe una sumisión progresiva de todo espacio físico y social a la ley del capital, es decir a esa “ley de acumulación sin final que es la finalidad suprema del sistema económico inventado hace cerca de un milenio por las ciudades comerciales de Mediterráneo”.

La Historia demuestra claramente que Chile, estas últimas décadas, está integrado en ese desarrollo económico, en esa dinámica mencionada, y en el siglo XXI, podemos razonablemente pensar que el nuevo Mediterráneo es el Pacífico. Pero en este inicio de la segunda década de este nuevo siglo, los acontecimientos mundiales igualmente nos están dejando claro qué pensar el sistema solo desde arriba también nos lleva, a pesar de las cifras, a un cierto colapso. Teniendo 6.000 kilómetros de costa en el Pacífico y el mineral que según la empresa Goldman Sachs, es el “nuevo petróleo”, sería fatídico para una nación pasar al lado de lo que le ofrece el contexto histórico, de alguna manera no asumir su destino. Porque la capacidad para aquello debe estar. ¿Cierto?

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