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martes, junio 22, 2021

Vientos de re-evolución

"Las redes sociales ahora votan. Un like, un comentario es potencialmente un voto. Eso también es otra “mini” revolución. Una más dentro de todo lo que se ha vivido el último domingo pasado", Cristian Zamorano, Doctor en Ciencias Políticas

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Las últimas elecciones se asemejan a un gran terremoto a los cuales estamos un tanto habituados por estos lados del globo terrestre. Los resultados del último domingo han roto las fronteras partidistas dentro de las cuales habían encerrados el juego político los partidos tradicionales desde que se recuperó la democracia. La onda telúrica electoral, más allá de saber si es vacía de un razonable contenido político o no, más allá de saber si se debe temer injustificadamente el futuro, es de dimensiones dantescas y conforme a lo que representa el estallido social del 18/O. Es la traducción a través de las instituciones vigentes del evento social que marca un antes y un después en nuestra vida democrática contemporánea. Dicho de una forma coloquial, los chilenos mandaron de paseo a los partidos tradicionales, salvo el Partido Comunista (PC), que también es un partido tradicional y uno de los más antiguos de Chile. Pensándolo bien, en lo absoluto, viéndolo desde un punto de vista global y personalmente, no creo que todo esto pueda ser percibido como una mala noticia. Es un hecho resultante de los tiempos que vivimos.

Forzoso es constatar los acomodos, los acuerdos trasnochados y las cuentas electorales con calculadora en mano, a los que se dedicaron los partidos políticos tradicionales desde el estallido social, con el principal fin de conservar lo que estaban perdiendo, los hizo absolutamente desconectarse aún más de las aspiraciones y reivindicaciones de los chilenos. Y eso quedó de manifiesto. Tomemos solo el caso de las municipales en  Antofagasta. Más de 63% de los votos fueron hacia los independientes, es decir casi los dos tercios. En el tercio de votos que les queda a los partidos tradicionales, se debe considerar la cifra sorpresiva que realizó el PC con Pablo Iriarte quien llegó tercero y quien es indiscutiblemente el otro gran ganador de esas dos jornadas de votación, además obviamente del nuevo alcalde recientemente electo Jonathan Velásquez. Los dos grandes perdedores fueron, por lógica, los representantes de la Udi y del Partido Socialista, por razones, aciertos y errores propios de cada uno pero también por otros motivos que los sobrepasan.

Muchos de aquellos que acudieron a las urnas, hoy festejan, quizás por la primera vez, la elección de candidatos que representan verdaderamente el sentir de numerosos chilenos, pues los independientes no se inscribieron en la lógica en la cual los querían encerrar los partidos que firmaron un acuerdo en el parlamento entre gallos y media noche. Los candidatos que vienen en representación de nuevas estructuras sociales y que irrumpieron con una inusitada fuerza en el mapa político, han provocado un cambio sin precedente en las relaciones de fuerzas entre la derecha, la oposición y esta nueva multiforme fuerza política que constituyen los independientes.

Estos resultados, son también una advertencia para los actuales representantes en el parlamento. Nuestras autoridades regionales que no han tenido un rol preponderante después del estallido social, caso omiso del diputado Esteban Velásquez, sus voces no se han escuchado y sus presencias han pasado desapercibidas. Aparte del diputado mencionado, al día de hoy, ¿se pudiese decir qué hay “autoridades políticas” en la región? ¿Quién es “autoridad”? ¿Alejandro Guillier? ¿Marcela Hernando? ¿José Miguel Castro? ¿Paulina Núñez? ¿Quién pudiese incidir o liderar algo en este momento preciso en la región, en este proceso político que se está viviendo? Quizás este último se está llevando a estos personajes más que cualquiera otra cosa, sobretodo si no saben reaccionar a tiempo, pero quizás también es demasiado tarde. Quizás.

Lógicamente, los partidos tradicionales de derecha como de oposición, tratarán de salvar lo que se pueda salvar de su pasado hoy en trizas. Los independientes más el PC y el FA son los que pueden sonreír para las fotos después de haber sido conocido los resultados, pero hay que tener mucho cuidado, porque aún no se ha obtenido absolutamente nada, solo se ha triunfado en una mega elección. Objetivamente, los ganadores de esta contienda electoral no conforman un solo bloque, unido bajo una plataforma común para dar frente a los desafíos que vienen en el futuro.

La fuerza con la cual se instalaron las candidaturas no tradicionales puede también transformarse en su talón de Aquiles. Los verdaderos ganadores de estos comicios son todos aquellos que quieren verdaderos, rápidos y profundos cambios en nuestro país, de los que reivindican desear construir un Chile más justo, participativo, respetuoso de los derechos de las personas, pero también porque aquello tiene una importancia fundamental en el pedido social actual, con autoridades probas, en fase con la actual ciudadanía y comprometidas a trabajar por el bienestar de todos los chilenos y no simplemente para un segmento y/o elite. Ese es el mandato entregado por los chilenos a los nuevos concejales, alcaldes, gobernadores y a aquellos que deberán elaborar nuestra Carta Magna.

Ahora, el  personalismo, los egos invasivos, las aventuras personales, los oscuros contubernios, las truculencias de pasillos, en teoría, no tienen cabida en la nueva forma de hacer política ni en los objetivos a alcanzar. Parafraseando a Rousseau, diría que desafortunadamente, de igual manera pero quizás en proporciones menores, esas manigancias sucederán; “porque al hombre (político novato) bueno, la praxis política lo corrompe”. Pero que duda cabe que la transparencia (paradigma que ya está Institucionalmente implementado, algunas herramientas para aquella por lo menos), el bien común, la inclusión, la probidad, deben ser los leitmotiv de los nuevos responsables políticos, alejados definitivamente de la farándula, de las promesas rimbombantes, de las traiciones, de todo aquello que nos ha conducido a la actual situación. Una mayoría de chilenos que se desplazaron a votar mandatan a estos nuevos responsables, a construir alianzas que permitan dar un paso hacia un país diferente al que construyeron los viejos pactos entre los partidos que fueron descalificados el domingo recién pasado. Sumar en lugar de restar, unir en lugar de separar, dialogar en lugar de vilipendiar, tales son las tareas y logros que deberán alcanzar los nuevos llegados al juego político. No es un reto menor.

Hablando de lo novedoso, fueron solamente tres los gobernadores que fueron elegidos en la primera vuelta para definir quienes se quedarán con ese nuevo cargo a lo largo del país. Las 13 regiones restantes deberán ir a la segunda vuelta a realizarse en algunas semanas.

Nuestra región deberá elegir entre un candidato que viene del mundo independiente y quien se acercó solamente para esta elección de un cierto mundo partidista, hablando acá de Ricardo Diaz, quien obtuvo una considerable ventaja frente al candidato de Chile Vamos (RN), Marco Antonio Diaz, representante de una coalición que fue duramente castigada por los electores el domingo pasado en proporciones quizás menores en el caso del joven candidato.

En efecto, siendo el único representante de un sector en esta misma elección de gobernador, este alcanzó la cifra de 36 mil votos sobrepasando ampliamente todas las cifras sumadas de los candidatos a convencionales de la derecha y obteniendo a penas 1.000 votos menos de lo que obtuvo la diputada estrella (un poco titilante últimamente) de la derecha regional en 2017. Pero Marco A. Díaz deberá llamarse Ethan Hunt en esta segunda vuelta porque una eventual victoria pareciera ser una “Mission Imposible”. Porque si bien él ha obtenido una votación histórica de diputado de derecha, el único problema para ese sector, es que Ricardo Díaz en cuanto él obtuvo una votación de senador, a saber 66.500 votos, compitiendo además con 3 rivales del mismo sector; todos los votos de la izquierda sumados alcanzado la cifra de 131 mil votos en la región (versus 36 mil para la derecha). Porque acá también debemos destacar la votación de la candidata Orellana, que alcanzó 27 mil votos al igual que la del joven Lester Calderón que hizo que una fuerza como el Partido de los Trabajadores Revolucionarios alcance los 21 mil votos.

De aquí en adelante habrá que contar con ellos, con esos liderazgos “jóvenes” como también deberemos definitivamente contar con las redes sociales. Porque eso también fue la otra gran lección de estas elecciones, sobretodo a nivel de Antofagasta. Las redes sociales ahora votan. Un like, un comentario es potencialmente un voto. Eso también es otra “mini” revolución. Una más dentro de todo lo que se ha vivido el último domingo pasado.

 

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