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martes, junio 22, 2021

La brecha de género en los sueños

"Desde temprana edad las niñas sueñan con proyectos más limitados en comparación a los niños. Son capaces de imaginarse en menos espacios por la falta de modelos de rol y los sesgos de género", Maria Cecilia Hernández, académica Universidad Católica del Norte 

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Desde temprana edad las niñas sueñan con proyectos más limitados en comparación a los niños. Son capaces de imaginarse en menos espacios por la falta de modelos de rol y los sesgos de género ¿Cómo cerrar la brecha de género en los sueños?

Con tan solo seis años de edad las mujeres ya pensamos que aquellas actividades y juegos denominados como “inteligentes” están destinadas solo a hombres. Ahí es cuando se da forma concreta a la llamada brecha de género en los sueños.

Un estudio de Lin Bian, investigadora de la Universidad de Illinois, publicado por la revista científica Science, mostró cómo los estereotipos de género a muy temprana edad van marcando y delimitando el espacio desde donde nos moveremos a futuro las mujeres, o desde dónde imaginamos aportar.

La investigadora señala que a los cinco años niños y niñas tienen un reconocimiento similar de su propio género respecto de capacidades y fortalezas, pero a partir de los seis ya se observa que ellas empiezan a reconocerse más como esforzadas que como inteligentes. Fuerte, ¿verdad?

Adquirir el estereotipo de que la brillantez es una cualidad masculina es, con pocas dudas, un motor para moldear los intereses de niños y niñas, insuflando confianza en unos y reduciendo la gama de posibilidades en otras. 

Algo similar muestra, en el marco de indicadores de educación, un estudio de la OCDE que señala que las niñas, teniendo resultados académicos en ciencias similares a los niños, no se imaginan en áreas como la ingeniería o la tecnología, manifestando nuevamente la influencia limitante de los estereotipos. 

Podemos hacer mucho y ojalá coordinadamente los distintos actores socializadores para que cada vez más niñas cuenten con una fuente amplia de posibilidades. El esfuerzo debe ser planteado en las distintas etapas educativas, por ello desde el Ministerio de Educación deben impulsarse cambios. Afortunadamente, se ha iniciado un camino con la creación de un Consejo Técnico Asesor de Género y Educación, cuya finalidad es integrar transversalmente el enfoque de género en todas las políticas, planes y programas del Mineduc, buscando evitar posibles estereotipos de género.

Claramente, no es suficiente, por eso son tan valorables todos los esfuerzos que se están desarrollando en las universidades también.

Mención especial al programa regional antofagastino LIQCAU (mujer en Kunza) que promueve la inclusión de mujeres en programas formativos STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática), así como las actividades que lleva adelante el programa ViLTI SeMANN, que promueve la robótica educativa para niñas y niños. 

Sí, definitivamente el cambio se inició y no debería dejar indiferente a nadie.

Tuve la fortuna de crecer en una familia donde pude pasar del triciclo al auto a pedales, junto con los clásicos juegos de niñas, tal vez porque mi padre tuvo solo hijas. Lo cierto es que entre muñecas y el “mekano” podíamos soñar en un amplio rango.

Soñé que quería ser ingeniera y fue en la universidad donde encontré los peros a una mujer en ese ámbito, especialmente porque el sueño era ser ingeniera metalurgista. Afortunadamente, ya era demasiado tarde para que los roles tradicionales de género pudieran frustrar el sueño. Yo traía claro desde muy temprana edad que tenía “brillantez”, además del esfuerzo reconocido para las chicas.

Sigo soñando, como tantas de ustedes, con que niñas y mujeres tengan la oportunidad de verse a sí mismas como participantes activas en todos los ámbitos en que quieran desarrollarse. Y que lo puedan hacer libremente, con sus particulares características y talentos. Ser parte de una sociedad que no duda de la riqueza de mujeres y hombres en los distintos ámbitos que las personas habitamos. Es de toda justicia (y también sororidad).

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