En Chile, el paso del voto voluntario al voto obligatorio no solo aumentó la participación electoral: modificó la relación entre redes sociales y resultados en las urnas. Lo que antes parecía una burbuja de ruido digital, hoy comienza a revelar una correlación que no puede ser ignorada: el clima emocional de las redes, especialmente cuando es adverso, se está volviendo un predictor de derrotas políticas reales.
Durante años, candidatos que eran ferozmente criticados en redes sociales lograban igualmente imponerse en las urnas. ¿La razón? En el contexto de voto voluntario, los electores más movilizados eran los adherentes duros, y el resto simplemente no votaba. Las redes funcionaban como un teatro de sombras, donde los gritos no se traducían en castigo electoral. Pero eso ha cambiado.
Desde la implementación del voto obligatorio con inscripción automática, el universo de votantes se ha expandido a ciudadanos menos ideologizados, más emocionales y profundamente influenciados por el clima digital dominante. Hoy, un mal posicionamiento en redes puede marcar una derrota segura, como ocurrió en el plebiscito de salida del 4 de septiembre de 2022. Durante semanas, las redes hervían con rechazo hacia la propuesta constitucional. Los expertos advertían que las redes no eran representativas. Pero el resultado fue categórico: más del 60% votó Rechazo.
Otro ejemplo es el caso de Santiago. Irací Hassler, alcaldesa en ejercicio, fue el blanco de duras críticas en redes sociales. Aunque contaba con una base de apoyo, su adversario Mario Desbordes leyó mejor el clima emocional de la ciudadanía, posicionándose como opción de renovación con fuerte presencia digital. El resultado fue su triunfo.
Estos casos comparten un patrón: cuando un clima digital adverso se sostiene en el tiempo, se vuelve casi irreversible en los días de campaña. Las redes no castigan solamente lo que ocurre durante el período electoral, sino que acumulan malestares, frustraciones y narrativas de desgaste que luego explotan en las urnas.
Y aquí surge una pregunta abierta, inquietante: ¿existen niveles de adversidad digital que no se puedan remontar, sin importar la estrategia electoral? Por ahora, la respuesta sigue siendo un misterio. Pero lo cierto es que pretender revertir en semanas un clima que lleva años gestándose parece una tarea condenada al fracaso.
Los estrategas políticos que aún creen que las redes sociales son solo “ruido” cometen un error fatal. En esta nueva etapa, no basta con caminar el territorio: hay que interpretar el algoritmo, leer el humor de las audiencias, anticiparse al juicio social que se cuece en lo digital.
Pero hay una segunda capa aún más inquietante que abordaremos en una próxima columna: el verdadero clima digital ya no se construye en las publicaciones, sino en los comentarios. En tiempos de polarización emocional, los defensores guardan silencio y los críticos vociferan, creando una ilusión de mayoría crítica que puede terminar influenciando a quienes no comentan, pero sí leen. El fango digital no solo mancha: en muchas ocasiones, arrastra.
En este nuevo ciclo político, quien no entiende cómo opera el algoritmo emocional está condenado a perder en silencio. Y a descubrir demasiado tarde que, en Chile, hoy, el clima digital sí vota.