«(La entrevista) que estamos haciendo ahora, hace 10 años no hubiera sido posible (…) se abría la puerta y ya estaba lleno». Así recuerda los buenos momentos del negocio Guillermo Pérez (37 años), hoy dueño del local cuyo padre -del mismo nombre- fundara hace 50 años atrás: La Suelería Pérez. Lugar que cerrará sus puertas para siempre.
Los antofagastinos más antiguos recordarán que el primer emplazamiento de este negocio fue en «patio matadero»; luego calle Sucre, posteriormente Matta con Bolivar, donde alcanzó a estar cerca de 20 años; y hoy está emplazado en Condell con Baquedano.

Fue Guillermo Pérez padre, hoy de 90 años, quien llegó desde Santiago a fundar en el Antofagasta de los 70 este negocio, siempre bajo dos premisas: tener de todo y a los precios más bajos.
«Mi papá siempre ofreció precios muy bajos y variedad. Él tiene una fobia con el hecho de decirle que no hay algo a un cliente. Si la respuesta es que no tememos algo, mi papá se enoja. Entonces por eso siempre surtíamos el negocio de la mejor forma posible. Y así fue durante toda la vida el negocio, solo ahora tuvimos que bajar en los tiempos difíciles», cuenta hoy su hijo quien junto a su esposa atienden estos últimos días el local.
«Yo nací en el negocio, mis papás me traían porque no había otra alternativa y esta siempre fue la atmósfera donde me he desenvuelto», cuenta con nostalgia Guillermo Pérez (hijo), quien en conversación con Timeline.cl entregó más detalles de los motivos para esta drástica decisión.

«Después del estallido social esta calle murió»
- ¿Cuál fue la época de oro del negocio?
Diría que los años 90 completos, hasta antes de la pandemia esto siempre estaba lleno.
- ¿Quién es el principal comprador de ustedes?
Por lo general son personas que tienen pequeños negocios y emprendimientos que vienen a comprar materiales para vender o confeccionar algo y luego venderlo a sus clientes
- ¿Cuándo cierran sus puertas?
La próxima semana
- ¿Por qué?
Por varias cosas. Una es que mi padre (a sus 90 años) que es el fundador del negocio quiere bajar el ritmo, ya compró otro local más chico y seguirá trabajando. Todavía no está definido de qué tipo, pero no en esta ciudad.

- ¿Algún otro motivo?
Sí, claro. Después del estallido social esta calle murió. Durante el año del estallido era difícil trabajar. Mi mujer y yo estábamos viviendo en Alemania y yo escuchaba de parte de mi mamá que estaba a cargo que contaba que esto era zona de guerra.
- Por ejemplo, si un mes normal vendían 100 ¿cuándo vendieron durante el estallido social?
Bajó mucho, si vendíamos 100 pasamos a vender 10. Entocnes, eso para un negocio duele. Después enganchamos con la pandemia y ahora las expectativas son bastante inciertas (…) ahora hay más inflación, el poder adquisitivo de los clientes también baja (…) y por eso siempre es mejor tomar precauciones y tratar de utilizar los recursos que hay de la manera más racional.
- Y cuando se instalaron las grandes tiendas ¿los afectó en su momento?
No, para nada. Al principio pensamos que afectaría pero al final no lo hicieron porque son públicos objetivos diferentes. Aquí vienen las personas para que les rinda más el bolsillo y por eso siempre hemos vendido más barato. En las grandes tiendas es más caro de aquí.
- ¿Este inmueble es de ustedes o arrendado?
No, no es nuestro, pagamos arriendo, y eso nos comía mucho dinero porque al estar cerrado o tener bajas ventas implicaba que los gastos seguía igual, eso pegó muy fuerte y ahí fue donde mis papás me pidieron que volviera para ayudarlos a cerrar.
- ¿En lo personal cómo le afecta el cierre?
Nostalgia, pues el negocio tiene mucha historia, muchos años. Mi vida familiar siempre transcurrió en torno a este negocio, las conversaciones familiares también era en base a lo mismo, siempre fue así.